El Enigma de la Estrella de Belén

NOTA: Antes de leer este capítulo, es conveniente haber leído el capítulo anterior, referente a los Tres Reyes Magos.

Los Reyes Magos, consiguieron encontrar al nuevo Mesías, gracias a una estrella que apareció en el cielo. No dudaron, según la profecía de Zoroastro, poner rumbo al encuentro del Rey de los Judíos. Pero ¿fue realmente una estrella lo que vieron?. Para saber realmente qué había en el cielo hace 2.000 años, tenemos que retroceder en el tiempo, y descubrir cómo era el cielo en esos días.

Los Reyes Magos dijeron; “¿Dónde está el que ha nacido, el Rey de los Judíos?, porque hemos visto su estrella en el Oriente, y venimos a adorarlo“. Sólo existe una referencia de la estrella de Belén en toda la Biblia, y se encuentra en el Evangelio de San Mateo, donde hace referencia que, las únicas personas que ven dicha estrella, son los magos.

En la época de Jesús, vivió un famoso y reputado filósofo llamado Filón de Alejandría, seguramente, el filósofo más renombrado en el judaísmo. Nació en el año 15 a.C., y murió en el año 50 d.C. Así que fue testigo de la vida de Jesús en primera persona. Fue un judío-platónico, que comentó los escritos hebreos, que conocemos como Antiguo Testamento. Filón, en sus escritos, explicaba que entre los persas, existía una Orden llamada “Orden de los Magos“. Esta Orden, investigaba los hechos de la Naturaleza, para obtener conocimientos de la verdad, y a través de visiones lúcidas, dar y recibir revelaciones divinas. Así que los magos, buscaban en el Cielo y la Tierra, fenómenos que predijesen el porvenir.

Estos magos, observaban los cielos para saber cuándo cultivar, cuándo trasladar a sus animales, incluso cuándo nacería un nuevo rey, o cuándo moriría. Para averiguar cómo era el cielo en esas fechas, necesitamos saber la fecha exacta del nacimiento de Jesús. Esta fecha, debería ser fácil de calcular, ya que debería ser el año I d.C., pero no es así de simple, ya que la persona que ideó y creó el calendario por el cual nos regimos ahora, cometió varios errores.

Nuestro calendario se estableció en el siglo VI d.C., por Dionisio el Exiguo, monje erudito y matemático, quien en  su “tabla de Pascuas” determinó por vez primera la Era llamada Anno Dómini (en sustitución de la anterior Era diocleciana). El epíteto de Exiguo, podría deberse a su baja estatura, o una alusión a su humildad. Hasta entonces, el calendario occidental, comenzaba con la fundación de Roma.

En el año 525 d.C., el Papa Juan I, encargó a Dionisio la tarea de establecer como año primero de la Era Cristiana, el del nacimiento de Jesús. Dionisio contó hacia atrás, hasta llegar a Augusto, que era el Emperador romano cuando nació Jesucristo.  Pero olvidó que Augusto, ya había gobernado otros cuatro años con otro nombre, Octavio. Así que, se equivocó en cuatro años al calcular su nuevo calendario. Pero Dionisio tuvo otro error, no incluir el año cero. Y si el año del nacimiento es erróneo, también lo es el día, ya que, como expliqué en el capítulo anterior, el 25 de diciembre era una fiesta pagana romana en honor a Saturno.

Sabemos que Cristo nació cuando Herodes I el Grande, era Rey de Judea. El historiador Flavio Josefo, dijo que Herodes murió en el año IV a.C. Esto significa que Jesús, tuvo que nacer forzosamente entre los años V a.C.- VIII a.C. Lo que es evidente, es que sea lo que fuere, que vieron los magos, tuvo que ser algo muy poco frecuente, ya que estaban acostumbrados a ver el firmamento cada noche, en su plenitud, sin las luces de las ciudades avanzadas y sin contaminación. Los magos persas conocían perfectamente el firmamento, y gracias a ese conocimiento tan avanzado, creaban horóscopos y profecías. Así que cualquier estrella, por insignificante que fuera, la conocían. ¿Qué pudieron haber visto que les sobresaltara, y que creyeran estaban ante el preludio de la profecía de Zoroastro?. ¿Un cometa?.

En la Edad Media, muchos artistas representaron la Estrella de Belén, como un cometa que atravesaba el cielo. En la Universidad de Durham, existe un libro chino antiguo llamado Han Shu, que sugiere que un posible cometa, pudo haber sobrevolado Judea durante la primera navidad. En ese libro, astrónomos antiguos dejaron plasmados algunos de los fenómenos celestes ocurridos en la época, desde acercamientos de planetas, hasta cometas. China se encuentra en una latitud similar a la de Tierra Santa. Esto es, que los astrónomos chinos, veían en el cielo lo mismo que los magos persas.

En el capítulo 26 del Han Shu, aparece reseñado que en la primavera  del año V a.C., apareció en el cielo durante más de 70 días, una “estrella escoba” (huixing) o “estrella invitada” (kexing), denominación que empleaban para referirse a un cometa. El año V a.C., sí coincidiría con la verdadera fecha del nacimiento de Jesús. ¿Fue entonces un cometa lo que divisaron los Reyes Magos?.

La teoría de que fuera un cometa, tiene un punto débil, ya que para los magos persas, que interpretaban los cielos y hacían predicciones, los cometas no eran una señal de buen augurio, sino que era un símbolo de destrucción y malos tiempos, (enfermedades, muerte, desastres naturales…). Así que era considerado un presagio negativo, todo lo contrario de la venida de un Mesías, un Salvador, un Rey de Reyes. Pero si no fue un cometa, ¿por qué existe esta suposición y se ha representado como tal a lo largo de los años?.

El primer artista en representar a la Estrella de Belén como un cometa, fue el renacentista Giotto, en 1.301.

Ese año, visitó la Tierra el Cometa Halley, visible durante varios meses, y Giotto lo incluyó en su obra “La Adoración de los Reyes Magos“. Existían algunas teorías que señalaban al cometa Halley como la Estrella de Belén, pero éste no fue visible hasta el 12 a.C. Además, no habría sido un acontecimiento muy especial, ni sobrecogedor, ni habría superado en brillo al resto de estrellas. Así que la teoría del cometa queda descartada.

Igual que hoy, hace 2.000 años, había cinco planetas visibles a simple vista, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Los magos, consideraban estrellas a los planetas, se creían eran la misma cosa, con la salvedad que los planetas se movían. La palabra planeta, procede del término griego “planos” que significa “estrella errante“. Esto se debe a que en la antigüedad, siguiendo la teoría geocéntrica de Aristóteles, se creía que en torno a la Tierra, la cual era considerada el centro del cosmos, giraban el Sol y  los cinco planetas errantes, llamados así por obstinarse a desobedecer la ley del círculo. Es decir, se les consideraba “errantes” debido a que, aparentemente y a simple vista, no trazaban ningún círculo alrededor de la Tierra, a diferencia del Sol.

Así que, el término “estrella”, hacía referencia tanto a una estrella estática como a los planetas móviles. Los magos persas, daban mucha importancia a estos planetas errantes. En el Museo Británico de Londres, trabaja Christopher Walker, una autoridad mundial en el Oriente Próximo de la Antigüedad, quien ha descifrado la colección de tablillas de arcilla del Museo. Esta colección, se compone de 130.000 tablillas de arcilla, procedentes de la ciudad persa de Babilonia. En ellas, se incluyen las primeras anotaciones astronómicas que se conservan.

Tablilla babilónica

La tablilla en concreto, es la referente a Venus de Amisaduca. En ella, hay referencias detalladas, de observaciones astronómicas fechadas en el año 1.600 a.C., en la época del Rey Babilónico Amisaduca. En la tablilla, figuran los movimientos de Venus de hace más de 3.500 años. Tanto tiempo de observación astronómica (científico), era para hacer predicciones astrológicas (no científico). Ahora, ambas disciplinas son muy diferentes, pero antiguamente eran lo mismo.

La estrella, guió a los magos a Jerusalén, y cuando estaban de camino, según la Biblia, la estrella cambió entonces de dirección, y los precedió hacia el sur, hasta Belén. Pero, ¿puede un planeta comportarse de esa manera, cambiando de dirección?. La respuesta es sí.

¿Qué fenómeno celeste, de carácter inusual, se dio antes de la muerte de Herodes, en el año IV a.C.?. Algo que pudiera haber guiado a los magos persas hasta Jerusalén, algo tan extraño en el cielo, que fuera sin duda alguna, el anunciador, la señal profética esperada. Debía tratarse de algo excepcional, algo que sólo ocurriera a lo largo de mucho años, cientos, siglos de diferencia.  En el año VII a.C., se produjo unos encuentros poco frecuentes entre Júpiter y Saturno. Estos fenómenos que observaron los magos, se denominan “triple conjunción“.

Júpiter y Saturno se aproximaron tres veces en el transcurso de varios meses. Esto sucedió por un fenómeno que, los magos no supieron explicar en su momento, pero que hoy, gracias a los conocimientos avanzados que poseemos sobre astronomía, conocemos perfectamente lo que sucedió. Este fenómeno se denomina el “movimiento retrógrado“. Si grabáramos la órbita de Júpiter en ese momento, y aceleráramos la imagen, esta es la trayectoria que veríamos.

Esto ocurre porque la Tierra órbita alrededor del Sol, a mayor velocidad que los planetas exteriores (como son Júpiter y Saturno). Durante la mayor parte del año, los planetas se desplazan por el cielo en una sola dirección. Sin embargo, cuando la órbita de la Tierra, rebasa la de Júpiter y la de Saturno, estos planetas parecen detenerse y retroceder durante unos cien días. Cuando la Tierra “adelanta” a un planeta exterior, éste parece retroceder en su órbita.

Aquí podemos ver una explicación de este fenómeno, en este caso, con el planeta Marte, pero el resultado equivale a cualquier planeta exterior.

Este fenómeno es una constante en nuestro cielo, lo extraño es que lo hagan dos planetas al mismo tiempo. ¿Fue este fenómeno lo que vieron los magos?. Astronómicamente, este hecho ocurrió, pero ¿cómo lo interpretaron de forma astrológica?. Esta conjunción ocurrió en la Constelación de Piscis, así que la pregunta que se hicieron los magos, que interpretaban los cielos sería; ¿por qué es tan importante que Júpiter, se aproxime a Saturno, en la Constelación de Piscis?.

Júpiter era considerada la “Estrella Real” y Saturno el “Viejo Gobernante“, y ambas se unen en Piscis, la Constelación asociada a Israel. Para los magos, Júpiter representaba un nuevo Rey, Saturno representa el anterior, la aproximación de ambos planetas, significaba un cambio de gobernante, y esto ocurre en Piscis. Es decir, ese cambio de gobernante, la llegada de un nuevo Rey, ocurriría en tierra de Israel, en tierra de los judíos. Los magos, además de ser astrónomos y astrólogos, hacían funciones diplomáticas, por eso, decidieron ir a presentarse al nuevo Rey.

Según la Biblia, los magos vieron la estrella por primera vez en su país, después cuando llegaron a Jerusalén y finalmente cuando llegaron a Belén. Todos estos hechos, tuvieron que durar varios meses. Los magos ven en el cielo la señal de la profecía, hacen todos los preparativos para el viaje (víveres, acopio de los presentes a Jesús, ropajes, animales, etc…), viajan desde Babilonia hasta Jerusalén (entre 650 km y 950 km, dependiendo de la ruta que tomaran), y una vez allí, se desplazan hasta Belén, y la estrella aún continúa en los cielos. La triple conjunción sí se acercaría al marco espacio-temporal que sugiere la Biblia.

Júpiter y Saturno se aproximaron por primera vez en mayo del año VII a.C., y volvieron a hacerlo en septiembre, y nuevamente en noviembre. Estos datos concuerdan con los hechos, desde que divisaron en mayo la estrella de Belén, hasta diciembre cuando llegaron a Belén. Así que Júpiter, según la astronomía y la ciencia, es la Estrella de Belén.

El astrónomo Michael Molnar, descubrió una moneda acuñada hace 2.000 años, en la ciudad de Antioquía, al norte de Judea. En una de sus caras aparece Zeus (conocido también con Júpiter), y en la otra cara, aparece Aries (el carnero), saltando por el cielo, y mirando hacia atrás, hacia una estrella.

La investigación de Molnar, lo llevó hasta el astrólogo egipcio Claudio Ptolomeo, que trabajó en la Biblioteca de Alejandría, estudió la gran cantidad de datos existentes sobre el movimiento de los planetas, con el fin de construir un modelo geométrico, que explicase dichas posiciones en el pasado y fuese capaz de predecir sus posiciones futuras. Ptolomeo también resolvió el problema de la retrogradación de los planetas, y su aumento de brillo mientras retrogradan.

Todas estas enseñanzas de Ptolomeo, se encuentran en su obra “Tetrabiblos“. Esta obra ha sido cabecera y pilar indispensable en todas las Universidades medievales y renacentistas. Está considerada la Biblia de la astrología. Y en ella, aparece reflejado dos veces, que Aries (el carnero), gobernó Judea, con Jerusalén como capital del Oriente Próximo.

En la época romana, los astrólogos vinculaban el nacimiento de los Reyes, con la conjunción de la Luna y Júpiter, el planeta hacedor de Reyes. Con la tecnología actual, y haciendo simulaciones informáticas, ¿hubo alguna aproximación de Júpiter y la Luna, en la constelación de Aries, en la época de Cristo?. Los datos revelan que sí existió una, el 17 de abril del año VI a.C. Ese día, la Luna eclipsó Júpiter, dando la impresión de devorarlo. La Tierra se alineó con Júpiter, con el Sol entre ambos. En el momento que sus órbitas produjeron la alineación, la Luna alcanzó una posición, que ocultó por completo el planeta real de los magos, lo que denominamos “ocultación“. Esta ocultación de Júpiter, se produjo cuando éste, se encontraba en el Oriente.

¿Por qué este fenómeno lo presenciaron tan pocas personas?. Júpiter apareció justo antes del amanecer, como una estrella matutina (como dice la Biblia). Entonces, la Luna pasó entre la Tierra y Júpiter, ocultándolo, pero la luz del Sol habría impedido verlo casi por completo. Pero los magos, expertos astrónomos, sí supieron lo que estaba ocurriendo.

Las monedas de Molnar, pertenecían a Antioquía, la cuna del cristianismo justo después de la muerte de Jesús. Allí, sus seguidores fueron llamados cristianos por primera vez. Esas monedas, fueron acuñadas por los primeros cristianos, para conmemorar la Estrella de Belén.

En la Basílica de la Natividad, en Belén,  todos los años, millones de personas se desplazan para visitar el lugar de nacimiento exacto del Mesías, enmarcada con una estrella de plata. Cuando los visitantes la tocan, sienten estar en conjunción con la mismísima Estrella de Belén.

http://www.minube.com/fotos/rincon/154862/6258

La Iglesia católica romana, tiene la propiedad exclusiva del Altar de la Adoración de los Reyes Magos, en el área de la Gruta de la Natividad, conocida como la Gruta del Pesebre. La Iglesia conserva también la propiedad de la estrella de plata, bajo el Altar de la Natividad, con la inscripción “Hic de Virgine Maria Jesus Christus Natus Est“, que significa “Aquí Jesucristo nació de María Virgen“. Todos los católicos del mundo, tienen derecho de paso a esta zona, y rendir homenaje, y poder tocar, a la Estrella de Belén, la “estrella” que cambió el catolicismo para siempre.

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