Post Redux I. El Árbol de la Vida

Este es el primer “Post Redux” del blog. Se tratarán post con un tamaño más reducido que los episodios normales, pero igual de misterioros e interesantes que un post normal, pero que necesitan de mucho menor desarrollo para ser expuestos. Y quiero empezar esta serie de post, con un tema tan notorio como el Árbol de la Vida, pero a la vez tan desconocido.

En todas las culturas y religiones, existe la historia arraigada del Árbol de la Vida. En la mitología china, en el paganismo germánico, en la mitología egipcia, en la cultura hindú, en las culturas precolombinas y en la Biblia, aparece este enigmático árbol. Pero, ¿qué representa y por qué es tan importante?. Tengo que reconocer, que de toda la historia bíblica, la metáfora del Árbol de la Vida, es la que más me impacta, y la que supone un paso decisivo en el destino del ser humano.

Este “árbol”, nunca existió como tal, pero representa para todas las culturas una representación gráfica y visual, muy esclarecedora de las creencias religiosas. Las ramas del árbol, representan la vida, donde se ramifica cada individuo, cada vida, cada decisión que tomamos, es una nueva rama que nos llevará por un camino diferente. La copa del árbol, representa el cielo, es la parte más alta, más difícil de alcanzar, la más expuesta a la luz, más lejos de la oscuridad, del mal.

El tronco del árbol representa la parte terrenal, es la base donde se sustenta la vida. De un único ser, de una sola “rama”, nacen todas las demás. Todos los seres humanos procedemos de una misma pareja creadora, la cual, ha ido creando vida generando más ramas en el árbol genealógico de la evolución. En el interior del tronco, fluye la savia que sustenta la vida, la nutre, para conseguir que el árbol viva más tiempo, esté florido, y consiga llegar lo más alto posible, alcanzar el cielo. Las raíces del árbol, representan al inframundo, aquello que está bajo tierra, la oscuridad.

Yahveh, proporcionó a Adán y Eva un vergel con toda clase de árboles, de las que podían alimentarse con los frutos que daban. Pero Yahveh les prohibió tocar dos árboles de todo el vergel. Uno, era el Árbol de la Vida, y el otro, el Árbol de la Ciencia (más concretamente, Árbol de la Sabiduría), también llamado “Árbol del Bien y del Mal“.

La historia que todos conocemos, es que Lucifer, el ángel más amado y predilecto de Yahveh, mediante subterfugios, tentaba a Eva para que probara el fruto del Árbol del Bien y del Mal (la Biblia en ningún momento dice que este fruto sea una manzana). Eva cogió el fruto prohibido, lo probó y dio a probar también a Adán. En ese instante, Yahveh les expulsó del paraíso, y el ser humano vivió con el pecado desde entonces.

Hay que interpretar estos hechos, para saber qué significa realmente. ¿Por qué Adán y Eva, desobedecen al Ser Supremo, al Creador, y cogen los frutos de uno de los dos árboles prohibidos?. ¿Por qué, exactamente, el árbol del que cogen el fruto, es casualmente el Árbol de la Sabiduría (conocido como el Árbol del Bien y del Mal)?. ¿Por qué no cogieron el fruto del Árbol de la Vida, el árbol que proporcionaba la inmortalidad?. ¿Por qué Yahveh, una vez consumada la desobediencia, les expulsa y no les perdona, no les da una segunda oportunidad?. ¿Qué tenía de especial el Árbol del Bien y del Mal?.

Cuando Adán y Eva desobedecen a Yahveh, y prueban del Árbol de la Sabiduría, de la Ciencia, del Bien y del Mal, Yahveh puso inmediatamente un ángel a custodiar el Árbol de la Vida, portando una espada de fuego. Yahveh no custodió ese árbol para que no volvieran a desobedecerle, sino para que el ser humano no consiguiera la inmortalidad. Dios creó una prohibición al hombre, y el hombre creó la desobediencia, no aceptaron la imposición de una prohibición, ni siquiera del mismo Dios. ¿Qué supuso realmente este acto?. ¿Qué representa esa desobediencia?.

En el mismo instante que “comieron” del árbol prohibido, fueron capaces de decidir, de ser protagonistas de su destino, y aprendieron que las acciones, conducen a reacciones. Ellos sabían que estaba mal desobedecer una orden directa de Dios, aún así, eligieron la mortalidad a cambio del saber, del conocimiento, y poder decidir sus propios designios. Adán y Eva, el hombre y la mujer de forma individual, tomaron una decisión como representación del ser humano, y eligieron “alimentarse” del árbol del conocimiento que hacerlo del Árbol de la Vida, el de la inmortalidad. Eligieron ser mortales a cambio de la sabiduría.

Yahveh intentaba mantener en un estado de sumisión y desconocimiento al hombre. Más que desconocimiento, realmente los mantenía con los conocimientos que Él quería que tuvieran, negándoles acceso a un saber universal, mucho más completo, allí donde reside el concepto de Dios. Les concedió todos los placeres de la naturaleza, ocultándoles qué había tras esa naturaleza. Al “comer” del Árbol de la Ciencia, ese acto, según palabras de Yahveh: “hizo al hombre iguales que los dioses”, condenándoles a morir. Resaltar que Yahveh, especifica “dioses”, igual que cuando se dice: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”, especificando que hay más de un dios.

El hombre quiere alcanzar el saber que se les niega, y se percata que dios es una traba para conseguirlo. Yahveh quiere que el hombre sea sabio, pero con normas y límites. ¿Para qué sirve la inmortalidad si desconocemos quiénes somos realmente?. Dios teme que el hombre sea portador del conocimiento pleno, del saber universal, porque si el ser humano llega a conseguirlo, la figura de dios y lo que representa, sus normas y sus prohibiciones, ya no serán un pilar fundamental en la vida de cada individuo, ni de su comunidad.

Adán y Eva, lo hicieron porque pensaban era lo correcto. Aunque la desobediencia no sea una virtud, muchas veces la virtud está en desobedecer prohibiciones que recaen contra los derechos del ser humano, contra su libertad de decisión, su libre albedrío. Cada decisión que se toma de forma individual, produce una reacción tanto a la persona que toma esa decisión, como al colectivo. Los creyentes piensan que esa decisión, hizo que recayera en nosotros el pecado original, que seamos mortales. Pero esa decisión, posiblemente, ha sido la decisión más importante tomada en toda la historia bíblica, porque gracias a ella, nos concedieron la posibilidad de pensar y tomar decisiones por nosotros mismos, de ser los únicos responsables de nuestro destino, de tener la capacidad de elegir, de tener la oportunidad de conocer más allá de donde la religión alcanza, nos enseñaron a desobedecer a la autoridad, cuando ésta se comporta de forma inmoral, a base de prohibiciones, para que seamos sumisos a las leyes que nos imponen, aunque éstas sean injustas.

La manzana simboliza el paraíso, el mal entre los humanos, pero también el bien que guarda el cielo, el conocimiento divino. Pero su origen está en Hércules (también conocido como Heracles), el héroe más conocido de la antigüedad. Hércules, recibió la orden de realizar y terminar 12 tareas, conocido como los “doce trabajos de Hércules”.  Estos trabajos que debía cumplir en su totalidad, eran bastante irrealizables. El trabajo nº 11, consistía en robar las manzanas de un árbol que estaba en el Jardín de las Hespérides.

Las Hespérides, eran tres ninfas que cuidaban ese vergel. También son conocidas como “las doncellas de occidente”, “las hijas del atardecer” y “las diosas del ocaso”. El Jardín de las Hespérides era el huerto de Hera (esposa de Zeus), donde un único árbol daba manzanas doradas, que proporcionaban la inmortalidad. Los manzanos fueron plantados de las ramas con fruta que la diosa Gea (la Tierra Madre, de donde proviene “pangea”, cuando la Tierra era solo un continente, y significa “toda la tierra”), había dado a Hera como regalo de su boda con Zeus. A las Hespérides se les encomendó la tarea de cuidar del árbol, pero ocasionalmente recolectaban la fruta para sí mismas. Como no confiaba en ellas, Hera también dejó en el jardín un dragón de cien cabezas llamado Ladón.

Las Hespérides, eran las hijas de Atlas, el dios que soportaba el peso del mundo sobre sus hombros, quien mantenía en lo alto los cielos. Hércules, fue a hablar con Atlas, ya que el dragón le conocía y las Hespérides eran sus hijas, y le convenció para que cogiera las manzanas por él. A cambio, Hércules sostendría el peso de los cielos. Así que Atlas fue al Jardín y robó las manzanas. Cuando Atlas regresó con las manzanas, ya no quiso volver a soportar el peso del mundo sobre sus hombros, pero Hércules le engañó, y consiguió ser él quien llevara las manzanas a Euristeo (hijo de Zeus y Hera, y primo de Heracles).

Los paralelismos son constantes. En la Biblia, es un ángel con una espada de fuego quien custodia el Árbol de la Vida. En la mitología griega, es un dragón que expulsa fuego quien lo hace. Los dos con la capacidad de volar, son seres alados. Hércules sacrifica a Atlas para obtener las manzanas. Atlas representa al dios que soporta los cielos, el mundo, al igual que Yahveh, el dios de los cielos y del mundo. En la Biblia, el Árbol de la Sabiduría, es la puerta de acceso al conocimiento pleno, y sacrifican su destino, retan al dios de los cielos, para conseguir la manzana. En ambas historias, saben que hacen mal, que están incumpliendo un pacto, una ley divina, una promesa, pero en ambas metáforas la incumplen, y son conscientes de ello.

En todas las culturas encontramos un árbol que simbolice sus creencias, y que narre historias parecidas. Es evidente, que jamás ocurrió lo que se cuenta, ni tuvo la repercusión que nos hacen creer, pero sí tienen un trasfondo filosófico y existencial. Cada decisión que hemos tomado, nos ha llevado por un camino diferente, sobre todo, aquellas decisiones que solo nos ha concernido a nosotros y nadie más. Esas decisiones, no han sido ni acertadas ni equivocadas, fueron solo una elección, en un momento preciso, de un abanico de posibilidades.

Adán y Eva, sin saberlo, decidieron su destino y el de toda la Humanidad. Esa decisión les privó de muchas cosas, pero a cambio, les ofreció otras nuevas. Es el legado que dejaron, que podamos decidir, que tengamos esa libertad, que tengamos acceso al conocimiento, y con ello, a la sabiduría, y que el destino sea el que tú te marques, sin que nadie te lo imponga, ni siquiera, aunque esa imposición provenga de los cielos.

No fue casualidad que un árbol haga referencia a la religión, que sea el custodiado por dios, el que da la inmortalidad eterna, y el otro árbol, sea el árbol de la Ciencia y la Sabiduría, apodado el del Bien y del Mal. Con la sabiduría y el conocimiento, nace la dicotomía de las cosas, todo tiene su contrario. La vida, trae con ella la muerte, una no puede existir sin la otra. En cambio, en la religión, la no sabiduría, el desconocimiento del saber, trae consigo la fe y la inmortalidad, mejor dicho, la creencia de que lo somos.

En la metáfora del árbol de la Vida, la religión acrecienta los miedos del hombre, y la ciencia descubre las verdades que hay tras ella. El empezar a descubrir, a investigar, a razonar, a observar con nuestra propia experiencia, la ciencia se empezó a hacer más grande, a la vez que la religión se hacía más pequeña. Y eso era lo que Yahveh quería evitar. Es positivo tener fe, siempre que no limite tus actos, tus decisiones, porque si lo hace, la elección que hicieron Adán y Eva fue totalmente en vano.

 

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