Ángeles Caídos (Episodio II)

Elías significa “Jehová es mi dios”. No se sabe realmente la procedencia de esta persona, aunque se sabe que residía en Galaad. El ciclo de Elías presenta seis episodios en la vida del profeta muy reseñables: su predicción de sequía y su posterior huída, el encuentro en el Monte Carmelo, la huída a Horeb, el incidente de Naboth, el oráculo acerca de Ocozías, y su traslado o arrebatamiento. El profeta Elías fue una persona extremadamente usada por Dios. Vivió en tiempos muy peligrosos, cuando Israel estaba en casi completa apostasía (negación, renuncia o abjuración a la fe en una religión), bajo el reinado del Rey Acab (séptimo Rey de Israel),  y uno de los peores reyes que la nación tuvo en toda su historia.

En el Primer Episodio, Acab se casa con una mortal llamada Jezabel, quien se sometió a la fe israelita en Yahveh temporalmente. Sin embargo, astutamente sedujo a su marido Acab para ir modificando el modo de vida de Israel, adoptando el sistema de vida permitido por el dios El (y Baal) y obligó que se le rindiera culto en todo Israel, cosa abominable a los ojos de Yahveh. Es decir, Acab, un “dios” llegado de las estrellas, como cuenta Enoch, mantuvo relaciones y se casó con una mujer mortal, y empezó a “adorar” y rendir culto a otros “dioses” que no era el Jefe Supremo. Así que se envió al profeta Elías, que hizo llegar a Acab, el oráculo anunciándole una sequía. Con esta sequía en lo natural (ausencia de lluvias y rocío), Dios estaba queriendo hacer entender a Israel que estaba carente de vida espiritual a causa de su apostasía, y su falsa idolatría a dioses que no lo eran.

El Segundo Episodio, ocurrido tres años más tarde, narra el cese de la sequía una vez eliminado el culto a Baal en el Monte Carmelo. Al norte de Israel, en la ciudad de Haifa, se encuentra el Monte Carmelo (lugar donde nació la Orden de los Carmelitas). Elías pretende nuevamente convencer al Rey Acab de su error y hacerle ver la fe verdadera. Acab, en aquellos momentos, mantenía ciertas dudas, también por las presiones que provenían de los sacerdotes de Baal. Así que Acab, reta a Elías a un duelo, a una ordalía (Juicio de Dios).

Así que Elías, le dice a Acab de hacer una pira de leña en el Monte Carmelo. Una vez hecha, cada uno deberá rezar a su dios. Cuando el influjo de las oraciones hiciera efecto, el dios más poderoso haría arder la pira. Esto significaría, que ese dios se impondría al “dios perdedor”, ya que la fe auténtica y verdadera, es la del dios que hizo prender la pira. Acudieron 450 sacerdotes a la ordalía, alrededor de una pira enorme.

Baal es el primero que se pone a rezar, durante horas, y al finalizar el día no consigue que la pira arda. Cuando le toca el turno a Elías, solicita que se le eche agua a la pira. Según el episodio anterior, se estaba en tiempo de sequía, por lo que el agua era un bien muy preciado, un recurso muy valioso. Y si además, lo que se quería era hacer fuego, solicitar que se añadiera agua a la pira, además de desperdiciar agua para beber, era una muestra de Elías de demostrar que su dios, es más poderoso de lo que pensaban. Así que Elías empieza a invocar a su dios, y al añadir el agua, la pira empezó a arder. En ese momento Acab quedó convencido de que el dios de Elías era el verdadero, e hicieron ejecutar a los 450 sacerdotes de Baal.

Hay un hecho muy parecido, una ordalía contra los cátaros, llevada a cabo por Santo Domingo de Guzmán, ocurrido en Fanjeaux. Los líderes cátaros aparecieron en gran número, trayendo un libro que contenía todas sus herejías. Santo Domingo, por su parte, llevaba un cuaderno donde había refutado la mayoría de dichos errores. Como no llegaban a ningún acuerdo, decidieron apelar a la prueba del fuego. Construyeron una pira y la encendieron, decidiendo que el libro que permaneciese incólume en la hoguera sería el verdadero. Arrojaron en ella el libro de los cátaros, que quedó reducido a cenizas. Así que lanzaron al fuego el libro de Santo Domingo. Éste voló por el aire sin quemarse, yendo a posarse en una viga del techo, donde dejó una marca de fuego. Por tres veces los herejes repitieron la acción, con el mismo resultado.

Como podemos observar, las ordalías eran frecuentes para dirimir qué creencia prevalecía sobre otra. Pero, ¿debemos considerar estos hechos de manera literal?. El profesor de la Universidad de Bristol, Tim Gallagher, investigó el episodio del profeta Elías y la pira ardiente, ya que lo que allí aconteció, no pudo deberse por las oraciones a un dios, así que buscó una explicación más verosímil. Gallagher llegó a la conclusión, que el profeta Elías pudo emplear lo que se conoce como el “fuego griego“, una sustancia utilizada en batallas navales, ya que al contacto con el agua, esta mezcla ardía.

La fórmula para crear el fuego griego era un secreto guardado de forma celosa, cuya composición se ha extraviado. Por lo tanto, sus ingredientes son motivo de gran debate. Diversas investigaciones, creen haber encontrado la composición química, con los materiales disponibles en esa época y en aquellos lugares. Se han propuesto algunos de los siguientes ingredientes: nafta (petróleo crudo), cal viva y azufre. Al mezclar estos componentes, y echarles agua encima, se provoca una reacción exotérmica con gran cantidad de calor, produciendo la llama.

¿Era conocedor y poseedor Elías, de estos conocimientos avanzados en química, motivo por el cual, solicitó se rociara agua en la pira, no como gesto desafiante, sino como elemento fundamental para hacer creer a Acab, el poder de su dios, que no era otra cosa que el poder de lo avanzado de sus conocimientos?. El escritor británico de ciencia ficción Arthur C. Clarke dijo: “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”.

En el Tercer Episodio, Acab  informó a Jezabel de todo lo que Elías había hecho y de cómo había matado a espada a todos los profetas. Jezabel envió un mensajero a Elías, diciendo: “Así me hagan los dioses y aún me añadan, si mañana a estas horas yo no he hecho tu vida como la vida de uno de ellos”. Así que Elías huyó para salvar su vida. Y Jehovah le dijo: “regresa por tu camino, por el desierto a Damasco. Cuando llegues, ungirás a Hazael como rey de Siria, a Jehú ungirás como rey de Israel, y ungirás a Eliseo como profeta en tu lugar”.

En el Cuarto Episodio, tuvo lugar el incidente de Naboth. Esta persona poseía un viñedo  en Jezreel, cerca del palacio de Acab, quien se dirigió a Naboth diciéndole: “Dame tu viña a utilizar para una huerta, ya que está cerca de mi palacio. A cambio te daré una viña mejor o, si lo prefieres, te pagaré lo que vale la pena”. Aquí nace la expresión “valer la pena“, para designar la recompensa  al esfuerzo empleado por un trabajo realizado. Acab, le ofreció una viña mejor supuestamente, pero sabía que detrás de la viña de Naboth, había mucho esfuerzo y sacrificio de su familia, a la vez que un fuerte arraigo emocional y de pertenencia, motivo por el que le ofrece también una recompensa acorde con el esfuerzo, el trabajo y la dedicación que empleó para mantener y preservar la viña. Pero Naboth respondió: “No permita Dios que yo os daré la herencia de mis antepasados.” La esposa de Acab, Jezabel, le preguntó por qué estaba tan malhumorado?. Y le contó lo sucedido. Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, puso su sello sobre ellos, y los envió a los ancianos y nobles que vivían en la ciudad.

El pueblo acusó falsamente a Naboth de delitos que no había cometido. Así que le echaron fuera de la ciudad y lo apedrearon hasta la muerte. Después enviaron un mensajero al palacio, para que comunicara a Jezabel el trágico desenlace. Tan pronto como Jezabel supo que estaba muerto, dijo a Acab: “Levántate y toma posesión de la viña de Naboth de Jezreel, quien se negó a vender. Él ya no está vivo”. Dios, sabiendo lo ocurrido, envió al profeta Elías al viñedo de Naboth. Una vez delante de Acab, le dijo: “Esto es lo que Dios dice: En el lugar donde los perros lamieron la sangre de Naboth, los perros lamerán tu sangre”. Y siguió diciéndole: Él dice: “Voy a traer el desastre a usted. Voy a acabar con tus descendientes, y cortaré todo varón por última vez en Israel, esclavo o libre. Los perros devorarán a Jezabel en la barbacana de Jezreel”.

El Quinto Episodio, está protagonizado por Ocozías (hijo de Acab y Jezabel). Una vez muerto Acab, le tocó reinar a su hijo, pero su corto reinado se caracterizó por la idolatría, lo que provocó la oposición del profeta Elías.  Más tarde, Ocozías se cayó por el balcón del piso alto de su casa, en Samaría, y quedó malherido. Así que envió unos mensajeros con este encargo: “Vayan a consultar a Baal Zebub (que significa “Señor de la Gran Morada” o “Señor del Abismo”), el dios de Ecrón, si me repondré de mis heridas”. Pero el Ángel del Señor dijo a Elías, el tisbita: “Sube al encuentro de los mensajeros del rey de Samaría, y diles: ¿Acaso no hay Dios en Israel, para que ustedes vayan a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón? Por este motivo, no te levantarás del lecho en el que te has acostado, porque morirás irremediablemente”. Y Elías se fue.

Temeroso por su destino, sabiendo lo que ocurrió con su padre, el rey envió a un oficial con sus cincuenta mejores hombres para buscar a Elías. Lo encontraron sentado en la cumbre de la montaña, y le ordenaron bajar. Elías respondió: “Si yo soy un hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te devore, a ti y a tus cincuenta hombres”. Y bajó fuego del cielo y los devoró, al oficial junto a sus cincuenta hombres.

El rey volvió a enviar otro oficial con cincuenta hombres más. Y volvió a ocurrir lo mismo. El rey volvió a enviar a un tercer oficial con otros cincuenta hombres. Este oficial, subió a la montaña, y se puso de rodillas frente a Elías suplicándole: “Hombre de Dios, por favor, que mi vida y la vida de estos cincuenta servidores tuyos tengan algún valor a tus ojos. Ya ha bajado fuego del cielo y ha devorado a los dos oficiales anteriores con sus cincuenta hombres. Pero ahora, ¡que mi vida tenga algún valor a tus ojos!”. El Ángel del Señor dijo a Elías: “Baja con él, no le temas”. Elías se levantó, bajó con él y se presentó ante el rey, y le dijo: “Así habla el Señor por haber enviado mensajeros a consultar a Baal Zebub (Belcebú)”. El rey murió, conforme a la palabra del Señor que había pronunciado Elías.

El Sexto Episodio, es la misteriosa desaparición de Elías. Se trata de un profeta “no muerto”, ya que los textos narran que un “carro de fuego”, bajó de los cielos, y se lo llevó. Elías ungió a Eliseo como su sucesor. Elías y Eliseo bajaron a la ciudad de Betel. La comunidad de profetas que vivían allí, salieron a recibir a Eliseo, y le dijeron: “¿Sabes que hoy el Señor va a arrebatar a tu maestro por encima de tu cabeza?”. Él respondió: “Claro que lo sé; ¡no digan nada!”. Elías le dijo: “Quédate aquí, Eliseo, porque el Señor me ha enviado a Jericó”. Pero él respondió: “Juro por la vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré”. Y llegaron a Jericó. La comunidad de profetas de Jericó se acercó a Eliseo y le dijeron: “¿Sabes que hoy el Señor va a arrebatar a tu maestro por encima de tu cabeza?”. Él respondió nuevamente: “Claro que lo sé; ¡no digan nada!”.

Elías se dirigió entonces al Jordán. Cincuenta hombres de la comunidad de profetas fueron y se pararon enfrente, a una cierta distancia, mientras los dos estaban de pie a la orilla del Jordán. Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó las aguas. Estas se dividieron hacia uno y otro lado, y así pasaron los dos por el suelo seco. Cuando cruzaban, Elías dijo a Eliseo: “Pide lo que quieres que haga por ti antes de que sea separado de tu lado”. Eliseo respondió: “¡Ah, si pudiera recibir las dos terceras partes de tu espíritu!”. Y Elías respondió: “si me ves cuando yo sea separado de tu lado, lo obtendrás, de lo contrario, no será así”. Y mientras iban conversando por el camino, un carro de fuego, con caballos también de fuego, los separó a uno del otro, y Elías subió al cielo envuelto en un torbellino.

Este hecho lo narran los testigos que presenciaron el arrebatamiento del profeta Elías. ¿Qué le pasó exactamente?. Un carro de fuego, que al ascender provoca un torbellino, solo lo puede hacer una nave y los propulsores. Cualquier otra interpretación no reflejaría la realidad. Enoch y Elías, son dos personas que los escritos, cuentan que desaparecieron en los cielos en vida. Su desaparición de la faz de la Tierra, fue provocada por carros de fuego, por los “dioses” de otros mundos, que se los llevaron con ellos.

En el Génesis 32:24, se cuenta como Jacob, estuvo luchando con un hombre hasta el amanecer (la aurora). Ese “hombre”, al ver que no podía con Jacob, después de horas de lucha, le golpeó fuertemente en la pierna y lo dejó tumbado. Pero Jacob, siguió aferrándose a esa persona, negándose a dejarle escapar hasta que fuera bendecido. El oponente, viendo su valentía y pundonor le preguntó: “Cuál es tu nombre”?, mi nombre es Jacob. Y volvió a decirle: “a partir de este momento ya no te llamarás Jacob, sino Israel, pues has luchado con Dios” (Génesis 32:27).

Israel, significa “Lucha con Dios”. Este es el motivo por el que no fueron los Hijos de Abraham ni los Hijos de Isaac, sino los Hijos de Israel. Hoy día, se asume que hay que rendir obediencia a dios, sin cuestionar nada, pero este no era el punto de vista de la Biblia hebrea. Desde los primeros tiempos, la Biblia registra luchas, dudas y enfrentamientos del hombre con el Dios Creador. Jacob, preguntó el nombre de su oponente, quien le dijo: “no debes hacerme esa pregunta”.

Si repasamos la Biblia, y el Génesis en concreto, podemos observar que los nombres son esenciales para la comprensión del carácter de la persona (nombres y su significado, que hemos ido viendo en este capítulo de los Ángeles Caídos, que nos dan una visión amplia de qué persona se trata, su función, virtudes, poderes, esencia…).  Pero nadie sabe el nombre de Dios, porque saber el nombre es conocer la esencia de la persona que hay detrás, y eso debe mantenerse en el misterio. Aún así, Jacob estaba convencido que había luchado contra dios.

En el tesoro de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, se encuentra el sarcófago de Junio Basso. Este sarcófago fue construido en el año 359 d.C., y contiene la primera representación de ángeles alados de toda la cristiandad.

A partir de ese momento, los ángeles empezaron a representarse siempre con alas. ¿Por qué motivo se hizo así, si la Biblia no hace referencia a que estos seres tuvieran alas?. Por ejemplo, el ángel que se le apareció a Abraham no poseía alas, sino que se le describe con aspecto de hombre a quien Abraham hizo una reverencia. Entonces, ¿cómo supo Abraham, el patriarca de las religiones cristiana, islámica y judía, una persona tan importante e influyente, a quien Dios le dio ese poder sobre su pueblo, que aquella persona de aspecto humano, como cualquier otro hombre, era superior a él y debía rendirle pleitesía?. Abraham, de algún modo, sabía que esa persona, era un “ángel”, es decir, un “mensajero” de los dioses venido de las estrellas. ¿No es más lógico pensar, que estos “ángeles”, se les representa con alas, y son reconocidos por los hombres, porque tenían el poder de volar?.

Los nativos americanos hablaban de los hombres de las estrellas, los egipcios decían que los dioses, venían de visita a la Tierra. Este es el verdadero patrón de esta creencia religiosa. Todos los textos, representaciones artísticas, la forma en que se veneraba a estos seres, el poder que tenían, su morfología y aspecto, sus ropajes, etc… todo era indicativo de su poder y lo avanzados que estaban, reconocibles por la raza humana allí donde fueran.

En el Génesis 28:12, se narra cómo Jacob, tumbado en estado de ensoñación, vio cómo una escalera descendía del cielo y se apoyaba en la tierra, y por ella bajaban y subían ángeles, y allí estaba Yahveh también. Este acontecimiento se conoce como la escalera de Jacob. Pero el Génesis, designa como escalera, una palabra cuyo significado realmente es “rampa”. ¿No sería esa “escalera” que provenía del cielo, y por donde bajaban y subían los “ángeles”, realmente la rampa de un artefacto, una nave?. ¿Cómo pudo ver Jacob una rampa en pleno desierto?

Tenemos a Enoch, cuyos textos nos hablan de carros de fuego, de cómo fue testigo en primera persona de observar desde el cielo todo el planeta en su plenitud, de cómo fue el intermediario entre los ángeles caídos y los dioses, incluso no falleció, ya que desapareció junto con los dioses. Tenemos al profeta Elías, que gracias a las órdenes de un dios venido de las estrellas, hace magia, vence a decenas de enemigos armados con rayos fulminantes que proceden de los cielos, y al igual que Enoch, desaparece en otro carro de fuego camino de las estrellas. Tenemos a Jacob, persona creadora de Israel, que luchó contra Dios, quien vio cómo los seres de otros mundos, accedían desde una nave a la tierra a través de una rampa que provenía del cielo. ¿Estamos ante tres casos excepcionales de hombres con poderes increíbles, o estamos ante acontecimientos paralelos, que dan fe de la presencia en la Tierra de seres de otros mundos, seres con conocimientos avanzados, en plena lucha contra los ángeles caídos, aquellos seres que desobedecieron a los Jefes Supremos?.

Según un estudio realizado por la Universidad Baylor (Texas), tres de cada cinco personas creen tener un “ángel de la guarda”. La fe musulmana, enseña que no tenemos uno, sino dos ángeles guardianes, uno en cada hombro. Estos seres reciben el nombre de “ángeles escribientes“, porque apuntan las buenas y malas acciones de cada persona. El primer ángel de la guarda que aparece en los textos judeocristianos, es el ángel Rafael, que figura en el Libro de Tobías (siglo III a.C.).

Este libro, fue uno de los encontrados en los Manuscritos del Mar Muerto, junto con el Libro de Enoch. El Libro de Tobías trata de un joven lleno de fe, que va a buscar esposa y finalmente se casa, después de sortear enormes dificultades con la ayuda del ángel enviado por Dios, el arcángel Rafael (Rafael significa “Dios sana”). Y es que Tobías, se quedó ciego cuando un excremento de golondrina, le cayó en los ojos mientras éste descansaba. Tobías recuperó la visión gracias a la intervención del enviado por los dioses.

Este tipo de pensamiento tan arraigado en nuestra cultura, realmente proviene de aquellos tiempos, donde “ángeles de la guarda”, que eran mensajeros de los dioses, su misión era proteger a la raza humana de los “ángeles caídos”, aquellos seres que estuvieron en la Tierra, y según narra explícitamente Enoch, no cumplieron con las órdenes encomendadas por sus líderes, y fueron castigados y confinados en la Tierra, y destinados a ser destruidos. Esta lucha, en la tradición judeocristiana y musulmana, ha derivado en la creencia que en un futuro, habrá algún tipo de batalla final en la que Dios y Satanás, se enfrentarán nuevamente en una lucha final. ¿Significa esto que los ángeles caídos siguen aquí?.

El Libro de Enoch y el Libro de las Revelaciones del Antiguo Testamento, hablan de una batalla cósmica entre las Fuerzas del Bien contra las Fuerzas del Mal, el Apocalipsis, el Armagedón. ¿Será esta una batalla de seres de otros mundos, que regresan a la Tierra para volver a enfrentarse a los ángeles caídos?.

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