La Verdad sobre la Carrera Espacial (Episodio II)

4 de octubre de 1.957, 10:28 de la mañana en el Cosmódromo de Baikonur. El cohete R-7 despega, llevando a bordo el primer satélite artificial de la historia, el Sputnik 1. Por fin, un cohete no transportaba ningún arma de destrucción, sino el primer paso de uno de los sueños más anhelados por el hombre, la conquista del Espacio.

Para probar al mundo que la URSS había conseguido enviar un satélite, y que éste permanecía en órbita, Koroliov necesitaba que el Sputnik transmitiera una señal de radio desde el Espacio. Esta señal emitía un “bip” a intervalos regulares. En Tierra, habría que esperar 90 minutos para empezar a recibir la señal del Sputnik desde su lanzamiento. La espera era tensa. Pasado el tiempo, la señal empezó a escucharse nítidamente. El Sputnik estaba orbitando la Tierra. Los rusos dieron la noticia por radio a todo el país.

Inmediatamente, los EE.UU. se hicieron eco de la noticia, e informaron a Von Braun del logro soviético. En ese instante, Von Braun estaba reunido con altos políticos, y con un tono enojado, dijo que él habría podido hacerlo un año atrás si le hubieran dejado. Afirmó que la U.S. Navy, quien poseía el contrato para el lanzamiento del satélite en ese momento, jamás lograría hacer que el Vanguard despegara. El objetivo del Programa Vanguard, era poner en órbita el primer satélite artificial de EE.UU.

Es un golpe muy duro para el orgullo norteamericano. Por todo el país empieza a correr la incertidumbre  y la inseguridad. Uno de sus mayores enemigos, tenía la capacidad de crear armas nucleares y transportarlas en cohetes hacia EE.UU. Esto atemorizó a la población. Además, la idea de que un satélite ruso, pasara por encima de EE.UU. de forma constante, elevaba aún más las suspicacias y el temor en la gente, y por supuesto, en los políticos. El Presidente Eisenhower tuvo que salir para tranquilizar a la nación., pero él sabía que la URSS se había convertido en una gran amenaza.

Los soviéticos no iban a quedarse ahí, y estaban preparando un segundo lanzamiento, esta vez para transportar un animal, una perra llamada Laika.

NOTA: Para saber exactamente lo que ocurrió en ese proceso, recomiendo leer el episodio “La verdadera historia de Laika”. 

Tras este nuevo “éxito” soviético, los altos cargos norteamericanos culpan a Von Braun, toda una ironía cuando era él, quien de forma reiterada insistía en acelerar el proceso para enviar un satélite. En una especie de interrogatorio, le preguntaron su opinión sobre los logros soviéticos, respondiendo que podrían colocar una Bomba-H sobre Washington cuando quisieran. Finalmente, el Pentágono aprueba las peticiones de Von Braun, y le dan vía libre para lanzar un satélite. Pero la primera oportunidad la tendría la U.S. Navy, cuyo lanzamiento fue un gran fracaso, y su cohete apenas despegó un metro del suelo.

El fracaso fue tan notorio, que los periódicos de la época tildaron la “hazaña” con adjetivos como Flopnik, un juego de palabras entre “fracaso” y “sputnik”. Otros lo llamaron “Kaputnik”“Stayputnik”, “Ooopsnik” y “Dudnik”, todos haciendo alusión al Sputnik soviético, y utilizando un juego de palabras para describir el fracaso y el ridículo que supuso el lanzamiento. Esto da aún más confianza a Von Braun y su proyecto, así que ponen todas sus fuerzas en el Explorer 1. Y llegó el día señalado, 31 de enero de 1.958, 10:48 de la mañana, cuatro meses después del lanzamiento del Sputnik.

La espera se hace larga, hay que esperar la confirmación de la Base de California, para saber si reciben correctamente la señal desde el Espacio. Al igual que los soviéticos, la espera se alargaría 90 minutos. Pasado ese tiempo aún no había señal alguna del Explorer 1. Minutos más tarde, se empieza a recibir la señal, el lanzamiento ha sido un rotundo éxito. La demora de la señal, se debió a que se logró una órbita más alta de lo planeado. El orgullo norteamericano se había restablecido. La carrera espacial había comenzado.

¿Cuál sería el siguiente paso importante que había que dar?. Los rusos habían conseguido enviar un satélite y un animal (que jamás regresó a la Tierra), y los USA habían conseguido enviar su satélite. Los dos países sabían cómo colocar algo en órbita, pero ninguno de los dos sabía cómo intentar dar reentrada a un artefacto. Koroliov quiso dar un paso más, y se dispuso a enviar al primer ser humano a orbitar el planeta.

El candidato debería tener unos 30 años de edad, medir menos de 1,70 metros, pesar menos de 70 kilos, y lo más importante de todo, poseer una gran sonrisa. De esta manera, empezaron la búsqueda de los primeros cosmonautas de la historia, entrevistando a expertos militares. La misión era tan secreta, que ni los mismos candidatos sabían a qué se estaban presentando. La mayoría pensaba que se trataría de algún nuevo prototipo de avión. La selección de cosmonautas, se realizaba en base a unas pruebas físicas, psicológicas y conocimientos técnicos. Se presentaron más de tres mil candidatos, muchos de ellos aptos para las pruebas, ya que todos eran pilotos y con unas condiciones físicas óptimas.

Así que tuvieron que hacer las pruebas mucho más duras para empezar a descartar, y los ponen bajo situaciones extremas para ver cómo reaccionan, cuál es su tiempo de recuperación, cuánto tiempo consiguen aguantar. Son sometidos a altas temperaturas y presiones, donde muchos estuvieron a punto de morir. Las pruebas empiezan a descartar a muchos voluntarios,  cada vez son más exigentes y del grupo de 3.000 voluntarios, ya sólo quedan 20 aspirantes,  que formarán el Grupo 1 de Cosmonautas de la Fuerza Aérea Soviética. En esos 20 aspirantes está la élite, y deben descartar a ocho personas más, para quedarse con una decena de elegidos.

Las pruebas se hacen tan peligrosas como temerarias, tanto es así, que uno falleció, tres fueron expulsados por insubordinación (seguramente se negaron a realizar algún tipo de prueba), y otros tres sufrieron heridas muy graves que les apartaron de la lucha por un puesto final. Así que tras un descarte más, ya tenían a los doce elegidos. De estos doce, solo podrían quedar seis, los elegidos para la gloria. En ese grupo estaban Gherman Titov, Valentin Stepanovich, Valentina Tereshkova (que se convertiría años más tarde en la primera mujer en orbitar la Tierra), y Yuri Alexeyevich Gagarin. 

Para responder a la amenaza soviética, los EE.UU. crean la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), con su proyecto para enviar un hombre al Espacio, la cual empezó a funcionar el 6 de octubre de 1.958, con cuatro laboratorios y 8.000 empleados. Al igual que los soviéticos, se realizaron pruebas muy duras a los potenciales astronautas. Una de ellas era la centrifugadora, otra consistía en insertarles agua congelada en los oídos, para ver su tiempo en estabilizarse, cuánto les duraba el mareo y los dolores de cabeza. También debían meter los pies en aguas a muy bajas temperaturas, o ser abandonados en un desierto, sin apenas equipo de supervivencia, y tener que llegar a un punto determinado en un plazo máximo de 7 días. De estas pruebas salieron siete elegidos.

Estos siete elegidos formarán el Programa Mercury. La repercusión es tan grande, que inmediatamente la revista más prestigiosa los hace portada el 20 de abril de 1.959. Entre los siete, se encuentra Alan Shephard, que se convertirá en el primer astronauta norteamericano en surcar los cielos.

El cohete que les llevará al espacio, y aún en pruebas en esas fechas, se llama “Atlas“. Cuando lo prueban, el Atlas explota en el aire. Esto origina comenzar el plan B, con un cohete de la U.S. Army llamado “Redstone“.

En el túnel de viento, y supervisado por Von Braun, comprueban que el cohete cuando alcanza 0,9 mach (1 mach es la barrera del sonido), las ondas de choque lo hacen vibrar. Mach 1 equivale a la velocidad del sonido, Mach 2 es dos veces la velocidad del sonido, y así sucesivamente. Tras varios estudios del Redstone, Von Braun llega a la conclusión, que el Redstone necesita más de 800 modificaciones para hacerlo seguro. Además, este cohete solo posee 1/10 de la potencia del cohete de Koroliov.

Pero nuevamente, la URSS se adelanta a los USA, y consigue el 14 de septiembre de 1.959, enviar una sonda que impacta contra la superficie lunar llamada “Luna 2“. Esta sonda, envía las primeras imágenes de la cara oculta de la luna de la historia, un lugar jamás visto por el hombre. Otro duro golpe para el orgullo estadounidense. Esta es la imagen que la sonda “Luna 2” envió a la Tierra.

Esto era otra prueba más, en ese momento, de que el socialismo era muy superior al capitalismo. La década de los 50, no termina nada bien para los EE.UU., y sí refuerza la imagen del comunismo en el mundo. A comienzos de la década de los 60, Von Braun intenta averiguar quién se esconde tras los diseños soviéticos, quién es la mente pensante que está logrando cada éxito, pero la identidad de Koroliov es guardada como secreto de Estado.

Tanto era el secretismo tras la identidad de Koroliov, que ni los cosmonautas elegidos, pasados seis meses de su elección, conocían quién era su Jefe más directo, el artífice de todo el proyecto, y el motivo por el que se encontraban allí. El 18 de junio de 1.960, Koroliov se presenta a los elegidos, el primer contacto y cara a cara con Yuri Gagarin. Una vez hechas las presentaciones, Koroliov los lleva a ver el “Vostok” (que significa “Este” u “Oriente”. La URSS representaba el Este, y los USA el Oeste), la cápsula que los llevará al Espacio.

Cuando uno de los cosmonautas se introduce en la cápsula, lo primero que observa es que no hay controles, y dice: “¿No hay controles?. Entonces ¿cómo voy a hacer volar esto?”. Koroliov respondió que el Vostok era completamente automático, y controlado desde tierra. Otro cosmonauta dijo: “Pero no tiene alas, ¿cómo lo haremos aterrizar?”. Y Koroliov respondió: “En la reentrada a la atmósfera terrestre la fricción frenará la caída. Al mismo tiempo, la parte frontal de la cápsula alcanzará una temperatura de 6.000 a 10.000 grados centígrados (tanto como la superficie del sol)”.

Pero lo más importante en ese momento, era cómo iban a conseguir que el Vostok descendiera de su órbita hacia la atmósfera. Es una maniobra que jamás se ha hecho, y que presenta multitud de riesgos, tanto previstos, como aquellos que pudieran surgir de forma imprevista. Lo primero que había que hacer, era aminorar la velocidad de la cápsula, que viajaría a 28.000 km/h. Esta maniobra se haría gracias  a unos retrocohetes, que debían encenderse con gran precisión, ya que demasiado impulso enviaría a la cápsula de forma súbita a la Tierra, haciendo que se incinerara rápidamente. Pero un impulso escaso, provocaría el efecto contrario, la haría rebotar contra la atmósfera hacia una órbita mucho más alta, sin poder regresar a la Tierra nunca más, permaneciendo en órbita para siempre.

La inteligencia estadounidense (CIA), informó que la URSS estaba planeando llevar a un hombre al Espacio. Esto provocó una mayor presión en los ingenieros de la NASA, para acelerar la construcción de la cápsula Mercury, la cual lleva un año de retraso. Un nuevo traspié sucede, la cápsula no encaja con el cohete, así que hay que recortar la cápsula media pulgada. Mientras tanto, el FBI cree que para el mes de noviembre, los rusos podrían tener programado el lanzamiento. Von Braun no comprende la forma de trabajar de los USA, ensamblando el cohete en un Estado, la cápsula en otro diferente, la burocracia por la que había que pasar, etc… todo ello lo único que conseguía eran más errores, perder tiempo y malgastar esfuerzo y dinero. Y las prisas, lo único que iban a conseguir era matar a los astronautas.

Koroliov realiza una prueba con sus cohetes, enviando a dos perras llamadas Lishka y Chaika, las cuales mueren incineradas al explosionar uno de los cohetes en pleno vuelo, a los 28 segundos de su lanzamiento. En menos de un mes, un R-7 es nuevamente lanzado, llevando como tripulación dos nuevas perritas, Belka y Strelka. Se convierten en los primeros seres vivos que viajan al Espacio y consiguen regresar con vida.

Otro éxito más para el comunismo y la ingeniería soviética. El paso siguiente, sería enviar al primer ser humano y traerlo con vida. Nikita Khrushchev, envió a la Casa Blanca como regalo, uno de los cachorros de Strelka. ¿Un detalle de esta lucha por la conquista espacial? o ¿una forma de restregar los éxitos comunistas?.

Von Braun está preparado para su lanzamiento de prueba. El cohete sólo logrará elevarse 10 cm del suelo, más que un fracaso, un ridículo nacional. Tanto es así, que los periódicos nacionales y en la TV, daban por hecho que jamás EE.UU. lograría enviar a nadie al Espacio, y poder vencer por primera vez a la Unión Soviética. Cada paso que daban los soviéticos era un auténtico secreto, ayudado por el hermetismo del comunismo. Esto hacía que nadie supiera cuál sería su siguiente logro, cuándo ocurriría su próximo lanzamiento, todo eran incógnitas. Esto significaba que los fracasos que iban obteniendo, tampoco salieran a la luz pública, como sucedió con el nuevo motor diseñado por Glushko, del que ya advirtió Koroliov, que el combustible que llevaba era altamente peligroso.

Cuando se disponían a probar los nuevos motores, mientras el cohete estaba posicionado en su torre de lanzamiento, un cortocircuito provocó que la segunda fase del cohete estallara. Uno de los testigos que allí se encontraba aquella noche, Alexander Bolotin, explicó cómo la temperatura alcanzó los 3.000 grados centígrados, cómo el pavimento se derretía, rodeado de un infierno de llamas. Las personas que se encontraban trabajando en ese momento, según palabras de Bolotin “se consumieron como velas”. En el accidente perecieron ingenieros, técnicos y personal militar. Los informes oficiales de la URSS hablaban de 90 bajas, aunque algunas estimaciones elevan el número hasta las 200. La cifra más aceptada son de 120 muertes. Entre los fallecidos, se encontraba la persona al frente de la misión, quien informaba a Khrushchev, el Mariscal en Jefe de Artillería Mitrofan Nedelin, de quien solo quedó alguna medalla e insignia otorgada por sus méritos en el ejército. Este incidente ha pasado a la historia como “El desastre Nedelin“.

La URSS, envió un comunicado diciendo que el Mariscal Nedelin había fallecido en un accidente aéreo. No se dieron más detalles. No fue hasta 29 años después cuando se supo la verdad, tras la llegada al poder de Mijail Gorbachov en 1.985, y su política de apertura informativa, conocida como “glásnost” (que significa apertura, transparencia o franqueza), donde se desvelaron muchos secretos del programa espacial soviético. El objetivo más expreso de la glásnostera crear un debate interno entre los ciudadanos soviéticos, y alentar una actitud positiva y entusiasmo hacia las reformas que se estaban realizando.

Existía una falsedad informativa dentro del comunismo tan endémica, que se falseaban los datos y las cifras dentro del propio partido, para intentar aparentar lo que no se era. La URSS era una auténtica gerontocracia (gobierno formado por una pequeña cantidad de líderes, donde los más ancianos mantienen el control). Con la llegada de Gorbachov, de tan sólo 54 años, muchos expedientes salieron a la luz, revelando la verdad de lo que ocurrió. Su política se basó en los términos “perestroika” (reestructuración), y “glásnost” (transparencia), dejando más libertad de prensa y de información.

Se supo entonces, que el Mariscal Nedelin trabajó sin cesar día y noche para tener listo el lanzamiento para el día 7 de noviembre de 1.960, día en que se iba a celebrar el aniversario de la Revolución Bolchevique.

El combustible que iba a utilizar el R-16, contaba con una mezcla de ácido nítrico e hidrazina (combustible altamente tóxico). Estos compuestos tenían la ventaja de que eran almacenables a temperatura ambiente y producían ignición en cuanto entraban en contacto con el carburante. Por contra, eran extremadamente tóxicos y corrosivos. Tanto que con el tiempo se les ha conocido como el “Veneno del Diablo”. En la terminología de los motores cohete, hipergólico hace referencia a aquellas combinaciones de combustibles y oxidantes, que pueden entrar en combustión espontáneamente por contacto directo, sin necesidad de ningún mecanismo de ignición.

Los EE.UU., mientras tanto, realizan el lanzamiento donde viajaría el primer “astronauta” de su Era, el chimpancé Ham.

Realmente, el “nombre” que tenía era “nº 75”. Si todo salía correctamente, la NASA le daría un nombre, si no, seguiría siendo sólo una cifra.  Un problema en el regulador de aceleración del cohete, proporcionó un exceso de velocidad que llevó a la cápsula a una altitud  de 253 km, muy superior a la esperada. Ello supuso un período de ingravidez de 7 minutos para Ham, y una reentrada con una desaceleración de 14,7 Gs, más elevada de lo normal.

Cada “G” (letra que proviene de “Gravedad / Gravity”), es la aceleración de la gravedad (1g = 9.81 m/s2). Por ejemplo, soportar 4 Gs significa que tu cuerpo está sometido a una deceleración de 4 x 9.81 m/s2. Si un piloto pesa 75 kg, y está sometido a una aceleración lateral de 4 Gs, le corresponden 4 x 75 = 300 Kg, es decir, que en ese momento el piloto nota sobre su cuerpo, la fuerza de cuatro veces su peso,  que le empujan hacia fuera como si lo estuvieran tirando con una fuerza de 300 Kg. Este vídeo muestra presiones hasta 9 Gs.

De los siete astronautas norteamericanos elegidos para ser los primeros en viajar al Espacio, en la mayoría de los casos aguantaron entre 14 Gs y 16 Gs, una auténtica barbaridad, ya que 16 Gs es el límite mortal (todo depende de la exposición a dicha fuerza, duración, dirección, postura del cuerpo, etc…). El cuerpo humano está mejor capacitado para resistir fuerzas G horizontales que verticales, ya que  cuando la aceleración es hacia delante, por lo que la fuerza empuja al cuerpo hacia atrás, existe una mejor tolerancia que cuando es en la dirección contraria (“los ojos hacia afuera”), debido a que los vasos sanguíneos son más sensibles en esa dirección. Recientes experimentos demuestran que se puede llegar a soportar hasta 20 Gs (comparado contra los 12 Gs máximos de fuerza hacia atrás). Uno de los astronautas norteamericanos, llegó a soportar 18 Gs, y cuando terminó, era capaz aún de realizar operaciones matemáticas.

Para hacernos una idea de las Fuerzas G, por ejemplo, Robert Kubica, piloto de Fórmula 1, en su brutal accidente en el GP de Canadá del año 2.007, sufrió un pico de 75 Gs durante un milisegundo. En la reentrada del Apollo XVI, los astronautas soportaron entre 7 y 8 Gs. Cuando se frena de forma brusca con un coche, se soporta 1 G. El chimpancé Ham, llegó a soportar 18 Gs, sobreviviendo de forma milagrosa. Esto hizo que el vuelo programado para Alan Shepard, se pospusiera, ya que Von Braun consideró que había que realizar otro lanzamiento de prueba, para conseguir una probabilidad de éxito lo más cercana al 100% al enviar un ser humano. Y esta probabilidad aún no existía. Esta demora, hizo que se pusiera en peligro ser los primeros, y que los rusos se adelantaran.

Koroliov, necesitaba el permiso del Politburó, para enviar al primer cosmonauta al Espacio. Una vez dado el visto bueno, y después de algunos lanzamientos de prueba más, donde más canes fallecieron, las probabilidades de que el cosmonauta sobreviviera eran del 60%. La elección de la persona que pasaría a la historia, estaba entre Gherman Titov y Yuri Gagarin. Finalmente, se decantaron por un hombre de campo, de clase media-baja, un hombre del pueblo, hijo de un carpintero, hecho a sí mismo, inteligente, lleno de valor, físicamente un atleta, y con una gran sonrisa. Representaba los valores comunistas, un hombre sencillo ante la misión más compleja, un hombre llano, que había conseguido el increíble sueño de poder surcar el Espacio. Su nombre, Yuri Gagarin.

 

El 12 de abril de 1.961, a las 09:07 de la mañana, el cohete Vostok en el Cosmódromo de Baikonur, estaba preparado para ser lanzado. En ese momento no se sabía con certeza los efectos que la gravedad provocaría en un ser humano. Así que los ingenieros soviéticos, diseñaron la misión para que fuera prácticamente automática, sin apenas la intevención del factor humano, por si el cosmonauta, en este caso Gagarin, sufriera alguna indisposición o se resintiera en el Espacio de algún mal o problema desconocido, poderle traer vivo a la Tierra. La cápsula, también estaba diseñada y programada, en su vertiente opuesta. Si el sistema automático fallara, y Gagarin tuviera que tomar los mandos de la nave, poseía un código que debía introducir y pasar el control a manual. Este código era 1-2-5.

A las 06:00 de la mañana del Día “D”, Gagarin ya estaba vestido con el traje de cosmonauta, y subió al autobús que le acercaría al lugar de lanzamiento. Le acompañaban numerosas personalidades políticas y su gran amigo y piloto de reserva Gherman Titov. Durante el trayecto, Gagarin tuvo ganas de miccionar, así que detuvo el autobús, se bajó, y empezó a orinar. Este acontecimiento, se ha convertido en una tradición, donde siempre hay que pararse en ese punto para realizar el mismo ritual.

El ingeniero Oleg Ivanovsky, le dio a Gagarin antes de entrar en la nave, el código de seguridad de los controles de la nave. Una vez dentro, Oleg selló la escotilla. Una vez en su puesto, en Tierra el nombre clave es Zaryá (Amanecer), y Gagarin tiene como nombre clave Kedr (Cedro). Faltan dos horas para el lanzamiento. Zaryá no es otro que Koroliov. Las probabilidades de que algo no funcionara correctamente o algo saliera mal, eran bastante altas. Aún así, Yuri Gagarin estaba increíblemente tranquilo, con un pulso de 64 pulsaciones y 24 respiraciones por minuto.

El comunicador irrumpe nuevamente para informarle que quedaban cinco minutos para el lanzamiento. En EE.UU., cuando un cohete estaba a punto de despegar, iniciaban la secuencia en voz alta (nine, eight, seven… ignición). Los soviéticos esto no lo hacían, simplemente esperaban a que llegara la hora marcada para el lanzamiento y le daban al botón. Así que cuando el Vostok empezó a rugir, y Gagarin notó que se elevaba, dijo: “Poyéjali” (que significa “¡Allá vamos!”). Son las 09:07 del 12 de abril de 1.961.

Yuri Gagarin contempla la Tierra en todo su esplendor, ríos, mares, continentes, montañas. Sobrevuela EE.UU., su gran enemigo, es de noche y la población desconoce que el comunismo viaja a 28.000 km/h por encima de sus cabezas. El viaje sería muy corto y consistiría en una sola órbita alrededor de la Tierra. En el momento de la reentrada algo falla. La cápsula donde se encuentra Gagarin, tendría que haberse separado del módulo de servicio poco después de haber finalizado la maniobra de frenado, pero hay unos cables que siguen unidos. Gagarin poco puede hacer, y en tierra, no hay comunicación con la nave. Sólo podían esperar. El calor fundió los cables y el Vostok quedó libre.

En la Región de Saratov (Siberia), una mujer y su nieta están en las tierras de su granja trabajando como cualquier mañana normal. De repente, un sonido que procede de los cielos les llama la atención. Un hombre aterriza cerca de ellas, vestido de naranja, y con un casco donde se puede leer CCCP. Gagarin, sin dudarlo, se acercó a ambas y les dijo: “Hola, no os asustéis. Soy soviético como vosotras y vengo del Espacio. Necesito un teléfono para llamar a Moscú”. Yuri Gagarin había pasado a convertirse en el primer ser humano que sube al Espacio, 108 minutos que cambiaron el mundo, en los cuales recorrió 40.200 km.

El 5 de mayo de 1.961, son los EE.UU. quienes están preparados para lanzar a Alan Shepard al Espacio. Una vez en la cápsula, el lanzamiento se demora, ya que el tiempo no acompaña, y se retrasará unas horas. Pasadas 5 horas, Alan Shepard dice la famosa frase “Houston, tengo un problema”, y el problema es que se estaba orinando. A partir de este momento, esta frase pasaría a formar parte de las más conocidas de la historia. El vuelo de Shepard fue mucho más corto que el de Gagarin, y estuvo menos tiempo, pero se considera un triunfo de la tecnología norteamericana, que debe marcarse un desafío de verdad. Un desafío que los soviéticos no puedan hacer.

El nuevo desafío para la recién entrada década de los 60, lo desvela el presidente de EE.UU.  J.F.Kennedy. La luna nos espera. ¿Que nos deparará estos años?.

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