Gólgota, el Calvario y Muerte de Jesús (Episodio I)

Jesús medía entre 1,81 y 1,83 metros de altura, y tenía 99 cm de torso. En el momento de su muerte, al contrario de la creencia popular de que tenía 33 años, realmente tenía entre 37 a 40 años (error de cálculo de Dionisio, que ya expliqué anteriormente). El calvario de Jesús duró entre 12 y 13 horas.

Cuando Jesús se aparta de todos la noche antes de la crucifixión, para rezar a solas, empezó a sudar sangre. En Lucas 22:24 (hay que recordar que Lucas era médico), se dice: “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”. La palabra griega para “agonía”, realmente significa “estar ocupado en un combate”. Así que Jesús, se estaba preparando para soportar acontecimientos realmente crueles, que posiblemente le llevarían a la muerte.

Esta reacción de sudar sangre, es conocida como “hematohidrosis“, donde los vasos sanguíneos de la epidermis, se rompen y se mezclan con el sudor. Esto, ocurre cuando alguien está sometido a gran estrés psicológico y/o ansiedad, pero en un estado muy elevado de las mismas. La angustia mental que Jesús estaba soportando, llegó a tal extremo que su rostro quedó surcado por un sangriento sudor, como lo describe el médico Lucas, el único evangelista que registra el hecho. ¿Qué le pudo provocar a Jesús, un hombre tranquilo, pacífico, una reacción corporal de semejantes proporciones?.

La única respuesta válida a esta cuestión, es que Jesús, por algún motivo, supo el devenir que se le avecinaba, el desenlace que iba a suceder en cuestión de horas, con la llegada del nuevo día, y que se acercaban horas difíciles, donde iba a tener que soportar una gran presión y un severo castigo, fuera del alcance de resistencia para cualquier ser humano, fuera de los límites que un cuerpo puede llegar a soportar. ¿Era Jesús más que un ser humano?

Jesús pasó de 60 pulsaciones a 140, y su presión arterial, de 130 a 210. ¿Cómo sabemos que Jesús pasó a esos niveles hemodinámicos?. Porque está científicamente constatado, que una persona, para llegar a romper los vasos sanguíneos por estrés, esos son los baremos físicos que una persona muestra en el momento de sufrir dicha reacción. Así es como se sintió Jesús, estando a solas en Getsemaní. Sabía perfectamente el duro castigo que le iban a infligir, y aún así, no huyó ni se escondió, simplemente esperó que los acontecimientos que tenían que ocurrir, ocurrieran, seguramente porque era parte de su mensaje, y probablemente, la parte más importante de su mensaje.

Cuando Jesús fue arrestado esa misma noche por las fuerzas romanas, fue llevado a la Casa de Anás, el suegro del Sumo Sacerdote Caifás. Llevaban a Jesús maniatado, descalzos los pies, y conducido con una soga que sujetaba su cuello, como un animal. Eran las tres o cuatro de la madrugada de ese fatídico viernes. Empezaba el día donde todo iba a cambiar para los designios de la humanidad, para el nacimiento de una nueva religión, para el nacimiento de un Mesías reconocido, y para vivir uno de los momentos más convulsos, estudiados, analizados, y misteriosos de nuestra historia, el calvario de Jesús, conocido como la Pasión de Cristo.

En la Casa de Anás, Jesús se acogió al “Derecho de Gentes“, donde los testigos que acudieron a sus sermones, son quienes debían opinar sobre el contenido de los mismos, y no que fueran jueces quienes lo hicieran, únicamente motivados por referencias o rumores, sin haber estado ninguno de ellos en ninguno de sus sermones. Este derecho, también se solicitaba para:

  • La piedad filial
  • El derecho de legítima defensa
  • El respeto a la religión
  • El derecho de paz y de guerra

¿Por qué llevaron a Jesús, entrada la madrugada, a la casa del suegro de Caifás?. Obviamente, lo llevaron a la Casa de Anás para hacer tiempo, ya que las leyes especificaban claramente, que los enjuiciamientos de orden legal, por el procurador responsable, debían comenzar con la luz del día. Así que, ese “juicio” entre las dos o tres de la madrugada, jamás se iba a dar ni tendría validez legal.

Lo que realmente hicieron, fue juzgarle  en un ámbito privado, muy reducido y selecto de personalidades, mientras el organismo oficial que lo iba a someter a juicio al amanecer, estuviera preparado. Anás había convertido a su familia en una gran mafia de la que el propio Anás, era quien manejaba toda la red, extrapolándolo a los tiempos actuales, se podría decir que Anás era una especie de “Padrino”.

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Anás, aunque para los judíos era el Sumo Sacerdote, no ejercía el cargo, ya que lo delegó en su yerno Caifás. Anás era un hombre de creencias agnósticas, así que la figura de Jesús, no le debió de agradar, ya que era el Mesías, el “Rey de los Judíos”. Anás miraba atentamente a Jesús, lo estudiaba, lo analizaba, sin mediar palabra, hasta que empezó a asestarle una serie de preguntas enlazadas sin tiempo a contestar: “¿Eres el Rey de los Judíos? ¿Qué es lo que predicas? ¿Quiénes son tus discípulos?.¿Cuál es tu verdadero propósito?”, etc…

Fue justo en este instante, cuando Jesús se aferró al “Derecho de Gentes”, respondiendo que él, todo lo que ha predicado, con quién lo ha hecho, lo que predica, absolutamente todo, se ha hecho a la luz del día y en público, en templos y sinagogas, sin esconderse, a la vista de todos, por lo que no entendía qué hacía siendo juzgado a esas horas de madrugada, entre las sombras, en privado, sin estar presente toda la gente que ha acudido a sus actos y pueden responder a las acusaciones.

Un enorme silencio se adueñó de la Casa de Anás, quien estaba acostumbrado a que los ajusticiados, respondieran sumisos, con miedo, implorando o rogando el perdón del Poder. Y Jesús, un hombre casi desnudo, ante los hombres más poderosos, con una sóla respuesta evidenció el supuesto conocimiento que de la leyes, poseían los allí presentes. Por este motivo, un guardia golpeó fuertemente a Jesús, rompiéndole el tabique nasal. este sería el primero de una larga lista de golpes que empezaría a sufrir en sus carnes Jesús. Era el comienzo del fin.

Jesús miró al guardia que le había golpeado, y le dijo: ““Si he hablado mal, dime en qué. Y si he hablado bien, ¿por qué me golpeas?”. Anás, un ser déspota y autoritario, se encontró fuera de lugar al presenciar las reacciones de Jesús, y al ver que cada palabra suya y cada acción violenta contra Jesús, no surtía el efecto deseado, envió a Jesús ante Caifás, pero Caifás no tenía autoridad suficiente para ordenar pena de muerte a nadie, por tanto llevó a Jesús ante Poncio Pilato, gobernante romano en Judea, para que decidiera su suerte.

Mientras Jesús estaba delante de Caifás, éste dijo: “conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación”. Ante Caifás, Jesús sufrió nuevos daños físicos. Los soldados le cubrieron los ojos, le escupieron en la cara y le golpearon en su rostro de forma constante. (Mateo 26:67, 68; Marcos 14:65 y Lucas 22:63-65). En este “juicio” contra Jesús, estaba presente el amigo adinerado de éste, José de Arimatea, el único que intentó defender a Jesús de todas las acusaciones que se le vertían.

El sanedrín allí reunido, pedía la condena a muerte de Jesús, pero ellos no podían ajusticiarle y necesitaban a los romanos para llevar a cabo tal tarea, ya que las leyes romanas no permitían a los judíos matar a nadie. Por este motivo, llevaron a Jesús con premura a la fortaleza Antonia, donde residía el prefecto de Roma Poncio Pilato. En este punto, ya eran las 06:00 horas de la mañana del viernes 3 de abril.

La premura por ajusticiar a Jesús, venía precedida de que al día siguiente, era el Día de Pascua, y no se podía crucificar a nadie en esa fecha. Al igual que Caifás y Anás, Pilato le preguntó si era el Rey de los Judíos, a lo que Jesús dijo: “Mi reino no es de este mundo. Si fuera de este mundo, mis ministerios lucharían por mi, pero mi reino es la verdad”.

Después de un rato de interrogatorio, Poncio Pilato no encontró algo realmente escabroso para condenarle a muerte, ni tampoco le consideró culpable de los cargos que se le imputaban, pero todos los judíos allí presentes, le empezaron a amenazar con acudir al Emperador Tiberio. Pilato, intentó dar una nueva oportunidad a Jesús al notar que se podrían producir graves incidentes si no se resolvía el juicio en contra de Jesús. Y las escrituras, lo que todos sabemos que ocurrió, porque así nos lo han contado, es que Pilato da a elegir a la muchedumbre, entre salvar a un ladrón llamado Barrabás o salvar a Jesús.

La mayoría de la gente allí congregada, eran sacerdotes y testigos comprados, para llegado el momento, dar falso testimonio contra Jesús. La costumbre de soltar a un prisionero en el Día de Pascua, tenía el propósito de ser un acto de gracia de parte de las autoridades romanas para con los judíos, puesto que fue la fecha que fueron sacados de la tierra de Egipto, por lo que liberar a un judío en esa fecha, era un acto de contrición hacia ellos.

¿Realmente tuvo lugar esta elección, salvar a un hombre acusado de ser un ladrón y de sedición, o salvar a Jesús? Algunos manuscritos sirios del Evangelio de San Mateo, y otros textos de uno de los Padres de la Iglesia (junto con San Agustín y Santo Tomás), llamado Orígenes, nombran a Barrabás como “Jesus Bar Abbas“. Siempre nos han presentado a Barrabás como un miembro de los Zelotes, una corriente judía que quería acabar con la ocupación romana por la fuerza, basándose en la mención de Marcos de que cometió diversos asesinatos en una insurrección. Sin embargo muchos historiadores sostienen que los zelotes, eran un movimiento político-nacionalista que surgió en Israel en el siglo I poco después de nacer Jesús, y fundado por Judas el Galileo. Es decir, Barrabás, no podía ser un zelote porque este movimiento aún no había surgido.

El nombre de Barrabás, está compuesto por “bar” (que significa “hijo de”), y “Abba” (que significa “Padre”). Jesús, cuando hablaba con Dios, le llamaba íntimamente “abba”. Es decir, Barrabás, significa “el Hijo del Padre”. ¿Qué nombre era este? ¿No es más lógico pensar, que Jesús sí fuera llamado “Barrabás” (Bar Abbá), porque era conocido como el “Hijo del Padre”? ¿No es posible, que Pilato, lo que realmente ofreció a la muchedumbre allí congregada, era que eligieran entre Jesús persona o Jesús divinidad? ¿No es más probable, que Pilato quisiera hacer entender a los allí reunidos, que si querían juzgar a Jesús como israelita o a Jesús como Mesías?

Hyam Maccoby, investigador y dramaturgo judío, especializado en el estudio de la tradición religiosa cristiana y judía, ha afirmado que Jesús era conocido como “bar-Abba”, ya que siempre se dirigía a Dios como el Padre en sus oraciones. Así que es muy probable, que cuando los judíos clamaban ante Poncio Pilato para que liberase a Barrabás, lo que realmente estaban demandando era la liberación de Jesús. Nos encontramos ante otra nueva manipulación de las escrituras por parte de la iglesia cristiana, que modificaron y alteraron lo que ocurrió. Pero no sólo es Hyam Maccoby quien afirma este hecho, Benjamín Urrutia, un erudito estadounidense, experto en la Biblia, también se reafirma en lo dicho por Maccoby, asegurando que la elección entre los dos prisioneros es una ficción.

Varios exégetas (personas expertas en extraer significados de textos religiosos), convergen en afirmar que, la gente allí congregada, no comprendía el arameo (“abba”, es “padre” en arameo), por lo que no entendía muy bien algunas cosas que allí se decían, incluida la súplica del perdón, creyendo que “bar abbá (Barrabás), era otra persona diferente de Jesús, haciendo accidentalmente menos culpable a los romanos y más a los judíos. Así que no hubo nunca una petición de libertad para alguien llamado Barrabás, y que las escrituras así lo han mostrado,  como una alegoría para que quienes lean los evangelios, sean los que elijan entre Barrabás (Jesús como humano) o Jesús (quien procede del Padre).

Así que, vamos a analizar qué pasó realmente:

Jesús, a su llegada a la tierra de los judíos, trae un mensaje de paz, pero también de resistencia contra el Imperio Romano, contra la opresión que ejercen sobre su pueblo y sus gentes. Así que tenemos a un Jesús revolucionario. Esto provoca que muchos se levanten en armas contra el poder allí establecido.

Cuando Jesús es apresado en Getsemaní, y empieza la larga noche que le llevará por la Casa de Anás, Caifás y Poncio Pilato, el pueblo está levantado en armas, pero al hablar con Jesús, ven en su figura una persona que no es agresiva, incluso estando maniatado, siendo golpeado e insultado, mantiene la calma y sigue infundiendo con voz calmada un mensaje pacífico.

Esto desencaja a los altos cargos, que esperaban alguien violento, frustrado, rendido, que pidiera clemencia, que renegara de quién era, y así amansar a la población y hacer volver la paz a la calles, y por ende, traer la tranquilidad a la clase política y religiosa establecida.

El comportamiento de Jesús, no era el de una persona amenazante, ni representaba nada de lo que le acusaban, por lo que no encontraban indicios para efectuar lo que la muchedumbre pedía, la crucifixión, ya que éste era un castigo demasiado duro y desproporcionado para los cargos que se le podían imputar a Jesús. Pero la presión era tan fuerte, que Poncio Pilato se vio en la tesitura de encontrar un resquicio, algo en lo que poder justificar una decisión tan cruel.

La mujer de Poncio Pilato, le susurró a su marido que tuviera muchísimo cuidado con aquel hombre, ya que se trataba de una persona justa y había soñado con él esa misma noche, un sueño donde presentía que se iba a cometer una injusticia social con su persona, y estaba temerosa por las circunstancias. Un sueño premonitorio parecido, también le ocurrió a la esposa de Julio César, llamada Calpurnia, cuando le dijo que tuviera cuidado con los “Idus de Marzo“. La frase real que le dijo fue: “César, guárdate de los idus de marzo”. Calpurnia, había soñado esa misma noche que César sería asesinado, y trató de impedir que ese día César acudiera a la sesión senatorial, convocada para tratar la guerra contra los partos, hacia la que partía César al día siguiente.

Los “idus” eran días de buenos augurios que tenían lugar los días 15, de los meses de marzo, mayo, julio y octubre, además del decimotercer día del resto de los meses del año. Julio César no hizo caso a la advertencia y al sueño de su esposa, y ese día se dirigió al Senado. En el camino, se encontró con el adivino Espurina, que le había dicho que se guardara de los idus de marzo, a lo que el César contestó:

– ¡Ya han llegado los idus de marzo y sigo vivo!
– Sí, pero aún no han acabado. – contestó el adivino.

Antes de entrar en la Curia, se le acercó un senador y le dio un rollo de pergamino rogándole que lo leyera, ya que en ese pergamino figuraban los nombres de todos los conjurados para asesinarle, pero César no tuvo tiempo de leerlo y entró en el Senado con el rollo en la mano.

El Senado estaba convocado en los idus de marzo (15 de marzo del año 44 a.C.) El plan era que, mientras Trebonio entretenía a Marco Antonio (el lugarteniente más fiel del César), el senador Cimbro se acercaría al César con la excusa de implorarle el perdón para su hermano desterrado, arrojándose de rodillas a sus pies. El resto de los asesinos se acercarían para apoyar dicha petición. Todo empezó a ocurrir según el plan. Cimbro agarró la toga del César para inmovilizarle. En ese instante preciso, el Senador Casca, le asestó la primera puñalada por la espalda. César se giró y le clavó en el brazo el stilo (instrumento de escritura sobre papiro). El resto de asesinos se abalanzaron sobre César asestándole 23 puñaladas. César aún tuvo fuerzas para empujarles, y para pronunciar las palabras de incredulidad al ver a Bruto con un puñal en la mano, y dijo: “¿Tú también hijo mío?”, César se tapó el rostro con la toga para evitar que sus asesinos vieran su cara en el momento de morir.

Entonces fue cuando preguntó si querían que se juzgara a Jesús como un revolucionario o a Jesús como Rey de los Judíos e Hijo del Padre. El Evangelio de Juan (18:40) dice: “Barrabás era un bandido”. La palabra griega para “bandido”, realmente significaba “combatiente de la resistencia”. En Mateo y Lucas se puede leer, que “Barrabás había participado en un levantamiento, y había sido acusado además de asesinato”. San Mateo, asegura que Barrabás, era un destacado combatiente de la resistencia, y era el probable líder de ese levantamiento.

Poncio Pilato necesitaba castigar, o bien al Jesús mesiánico, o bien al Jesús revolucionario, y dio a elegir a la gente cuál de las “dos personas” querían que se ajusticiara, y cuál de esas “dos personas” quedaría libre de cargos. De esta manera, Poncio Pilato se aseguraba que el pueblo elegiría por la opción donde el castigo de la crucifixión, pudiera ser un hecho, y así no verse implicado en un escándalo político y social, y que todo llegara a oídos del Emperador Tiberio,  aunque él supiera que era injusto.

Que en las escrituras nos muestren que, allí había dos personas, y que el pueblo judío eligiera la liberación de Barrabás, lo único que significa es que Barrabás, representaba la parte de Jesús revolucionaria, aquella que podía liberarles de la opresión romana en vida, aquí en la Tierra, en ese mismo instante y en ese lugar, por lo que dejaron a sus suerte a Jesús, el Hijo de Dios, porque éste sólo les prometía la paz en una vida tras la muerte, y eso no era lo que los judíos necesitaban. Así que se puede afirmar y asegurar, que Jesús y Barrabás eran la misma persona.

Curiosamente, nadie sabía quién era ese tal Barrabás, lo único que se dice en las escrituras, es que Barrabás cometió tres crímenes: 1.- homicidio 2.- sedición 3.- felonía. A Jesús, se le acusaba de alterar el orden social y pacífico, provocando altercados y asesinatos en su nombre (punto 1). Se le acusaba de alzarse contra el poder establecido (punto 2) y también se le acusaba de traición y deslealtad (punto 3). Así que Barrabás, era acusado de los mismos “crímenes” que se le acusaba a Jesús. Esta sería la parte que corresponde a las acusaciones al Jesús hombre. Por otro lado, estaban las acusaciones por decir que era el Hijo de Dios, el Rey de los Judíos y predicar y proclamar un nuevo Dios, muy diferente a los dioses romanos.

El sanedrín se quitó la responsabilidad ya que según las leyes romanas, podían emplear sus leyes siempre y cuando no alterasen las del Impero, así que no podían condenarlo a muerte. Así que lo llevaron ante Poncio Pilato, quien sabía que la acusación de que se creyera el Hijo de Dios le iba a ser insuficiente para juzgarlo y crucificarlo según las leyes romanas, así que sabía que debía buscar un motivo por lo que realmente le pudiese condenar, ya que la presión a la que estaba siendo sometido por las altas instancias de la sociedad era enorme.

Y las escrituras, y lo que siempre nos han contado, es que repentinamente, aparece la figura de un hombre acusado por homicidio, sedición y felonía, es decir, por matar romanos, por ser cabeza y líder de un movimiento revolucionario, que encabeza un movimiento contra el poder establecido, y resulta que nadie le conoce cuando lo presentan ante el público allí presente. ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo no pueden reconocer a alguien que es un líder y ha acometido tales atrocidades contra el poder romano? Y más aún, ¿cómo es posible que su nombre signifique “Hijo del Padre”, un nombre para nada común ni lógico en aquella época? Lo que nos cuentan no tiene ningún sentido.

¿No es más lógico pensar, y cuadra más con los hechos, que cuando la gente gritó al unísono: “No a este, sino a Barrabás”, lo que estaban pidiendo era que se acusara a Jesús hijo del Padre, el Mesías, el Rey de los Judíos y no al Jesús que alteró el orden de las calles y por traición a Roma?.

Aquella muchedumbre, clamaba contra él como si fuera su mayor enemigo. Resulta incomprensible que se pidiera con tanto fervor la muerte de Jesús, a falta de tantas pruebas y con falsas acusaciones. La verdadera razón de su odio, podría residir en el odio natural que tenían los judíos contra todos los hombres de bondad perfecta, y les resultaba realmente molesto e hiriente, incluso que esa actitud escondía una falsedad. Los judíos piensan que la presencia del bien es un testigo silencioso en contra de su propio pecado. Ser demasiado “santo” es un gran crimen para los judíos, pues censura el pecado, que es una parte vital de la vida del hombre, y sin ello, desaparecía el anhelo de deshacerse de él.

Esto, unido a los sobornos que el rabino Simón repartió entre muchos asistentes, deparó el caldo de cultivo de lo que allí se pedía. Además de dinero, muchos fueron sobornados con grandes festejos y bienes tras la Pascua. Si hubo allí alguien que pensara de corazón que se estaba cometiendo una grave injusticia, se mantuvo en silencio. Este hecho, ha pasado a la historia como el exponente del pecado y como el comienzo de la persecución a los judíos, que ha llegado a nuestros días vigente.

Son muchos quienes me han preguntado sobre la persecución a los judíos, cuándo comenzó y por qué esta judeofobia existente durante más de dos milenios. Y la naturaleza del mismo, se empezó a gestar realmente aquí, en la petición de muerte a Jesús por parte de los judíos.

Los judíos allí congregados sobornaron y se dejaron sobornar para matar de forma cruel a Jesús. Tras la muerte de Jesús, el cristianismo se convirtió en una secta del Judaísmo muy perseguida. Muchas fueron las muertes que los judíos dieron a los seguidores del cristianismo, pero una fue especialmente conocida, la muerte de San Esteban.

El judaísmo inició una guerra contra la iglesia desde su nacimiento, sin motivo alguno. Los judíos abusaron cruelmente durante tres siglos de los cristianos, matando a espada a muchos de ellos, lanzando calumnias, falsos testimonios y falsedades contra ellos, provocando que muchos fueran apresados, encarcelados, torturados y perseguidos.

Los cristianos, acusaban a los judíos de matar a Jesús de forma injusta y cruel, de la misma forma que mataron a San Esteban, por medio de sobornos, falsos testigos y calumnias lanzadas contra él, que derivó en el asesinato a pedradas de San Esteban, cuando el único “pecado” de este hombre, fue predicar la palabra de Jesús. De esta manera, San Esteban se convirtió en el mártir por excelencia del cristianismo. Los primeros cristianos ejecutados, fueron a manos de judíos.

Los judíos persiguieron a los apóstoles y los discípulos más importantes del cristianismo. San Pablo, en su Epístola a los Tesalonicenses, afirma que “los judíos no son del agrado de Dios”. Muchos cristianos fueron encarcelados y perseguidos por los saduceos. Los judíos, acusan a San Juan de ser el más antisemita de todos, y han pedido durante muchos años a las altas esferas del Vaticano, que la misa oficial cristiana sea recortada, terminando en la bendición, de esta manera, se suprimiría así la parte del Evangelio de San Juan.

El arma principal que utilizaban los judíos, era la calumnia. Lo que hacían era simple, acusaban a la persona que querían matar de “ir contra el pueblo” y hacerlo un enemigo público, para justificar su muerte. Y esto no ha cambiado en veinte siglos, ya que esto lo han seguido utilizando, como ha ocurrido con la Unión Soviética o con los palestinos.

Una religión tan ortodoxa como la judía, adoctrina a sus hijos y a sus miembros en unas enseñanzas muy estrictas, inculcándoles su historia, creencias muy concretas, sus métodos, su forma de pensar, de tratar a las demás religiones, etc… Y esto ha perdurado con el paso del tiempo, y todos aquellos judíos que permanecen en esencia con su religión de forma ciega, piensan de las religiones (ya no sólo del cristianismo) lo que se pensaba en tiempos remotos, y no olvidan sus mártires, ni sus héroes, sin parar a reflexionar si aquello que les enseñan es la verdad, o tiene lógica, o tiene sentido, simplemente siguen las directrices.

Y lo mismo ocurre con los cristianos ortodoxos, donde el Nuevo Testamento enseña a conocer el peligro para la humanidad que significa el judaísmo, cuya maldad traspasa los límites inimaginables. Los Papas y en los Concilios, se les llamaban “judíos pérfidos”, y están convencidos que los judíos desean el exterminio de los cristianos, y para ello utilizarán las armas que les hicieron famosos, la calumnia y el soborno.

Por eso, la historia es una constante persecución contra los judíos, desde las Cruzadas, los Reyes Católicos, el holocausto nazi, hasta actualmente en Venezuela con el reciente fallecido Hugo Chávez o las muertes en la franja de Gaza, etc… Los judíos han sido expulsados de muchísimos países; Inglaterra, Francia, España, Alemania, Unión Soviética… Los soviéticos, utilizaban los pogromos para tal efecto. Los pogromos eran linchamientos públicos, espontáneos o premeditados, acompañados de la destrucción o el expolio de sus bienes (casas, negocios, centros religiosos…).

En los años 70 del siglo XIX, Austria y Alemania sufrieron una gran crisis económica, donde perdieron sus ahorros, de la que culparon a los banqueros judíos. No hay que olvidar que los judíos fueron quienes inventaron e instauraron la usura y el acopio de bienes. Los judíos prestaban dinero a cambio de intereses enormes, muy por encima de lo ético y lo justo, así como un ansia constante de recaudar cada vez más y más. Así que cuando muchos se arruinaron, los judíos ocuparon en Alemania y Austria cargos muy importantes, tanto en el funcionariado como en el sector privado. Tanto fue así, que tuvieron a un gran aliado en el Rey Eduardo VII de Inglaterra.

Esta forma de actuar y de hacerse con el control de ciertos países, fueron uno de los germenes que propició su persecución y exterminio en la II Guerra Mundial, a manos de un ferviente creyente católico como Adolf Hitler. Tanta era la devoción de Hitler por Jesús y la religión católica, que no paró de perseguir reliquias de primer orden, en busca del Santo Grial, de la inmortalidad, del Arca de la Alianza… Los judíos buscan constituirse como una nación desde tiempos remotos, con una base territorial en un Estado Judío Independiente, lo que conocemos como sionismo.

Seguramente, muchos comprenderán un poco más hechos y acontecimientos presentes y de dónde proceden. Pero que siga ocurriendo no es óbice para que se siga mirando hacia otro lado y aceptarlo. Esto no trata de si fueron los judíos los verdaderos culpables de la muerte de Jesús, si los cristianos y la iglesia católica han cometido auténticos genocidios, si en las guerras que se han perpetrado en nombre de la religión hubo vencedores y vencidos, una causa justa o no… Lo que hay que reflexionar, es que la religión ortodoxa, sea la que sea, debe erradicarse pero a través del conocimiento, la educación verdadera, la lógica, la razón, la historia… y no aferrarse en la venganza, porque cuando alguien está dispuesto a vengarse, la historia nos ha enseñado que debe ir cavando dos agujeros.

La religión es una constante justificación a aquello que no lo tiene, desde todos los ámbitos, desde cada una de las religiones existentes, y llevamos dos milenios sin verlo. Es posible que todo comenzara con la crucifixión de un hombre, pero ese hecho ha crucificado a toda la humanidad, muertes incontables, injustas, y todo por la estulticia del ser humano y de intentar sobreponer unas creencias a otras, unas religiones sobre otras.

Y las religiones se alimentan de venganzas, ¿cómo es posible que hechos ocurridos hace más de 2.000 años, aún se intenten vengar, o no se haya aprendido de aquello? Seguramente, porque en la esencia del ser humano, la venganza no se mide por la magnitud que  tuvo en el pasado, sino que la mide por la magnitud y la recompensa que cree obtendrá en el futuro.

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7 Respuestas a “Gólgota, el Calvario y Muerte de Jesús (Episodio I)

  1. Dios no es religion, Jesus no es reliigion. El fanatismo por el fanatismo mismo a nada conduce. Hasta ahora no he hallado un libro tan completo como las Sagradas Escrituras. Quiero compartir contigo : Yo soy el camino y la verdad y la vida… Juan 14 vers 6. Deseo de todo corazon Dios te bendiga en el nombre de Jesus.

    • Hola Alba.

      Hay muchos caminos para llegar a la verdad, y mi experiencia me ha enseñado que la religión no es el mejor camino. Es un camino complementario, porque las personas que sólo crean que existe un camino, se está perdiendo demasiados paisajes.

      Un saludo.

  2. Andres Cabezas R

    Excelente ;se maneja el tema con profundidad de conocimientos.

    • Hola Andrés.

      Una de mis premisas a la hora de encarar un nuevo tema, es que el lector termine con la sensación de saber lo principal y necesario sobre ese tema, y no simplemente lo que aparecen en los libros convencionales.

      La historia tiene muchos puntos de vista diferentes, muchas perspectivas, muchas historias dentro de la propia historia.Hay que conocer todo para llegar a una valoración que te acerque lo máximo a la verdad, sin dejarte llevar por creencias y posicionamientos a priori, así como por prejuicios adquiridos.

      Gracias por leer el blog.

      Un saludo.

  3. jorge antonio inoa perez

    Entiendo que la historia se escribe y no es la realidad de los hechos.
    la que percibimos.

    • Hola Jorge.

      La historia la suelen escribir los vencedores, y en la religión católica, el vencedor fue la iglesia que se apropió del legado de Jesús y de ser el heredero legítimo de la palabra de Dios y sus deseos. Y esto les ha reportado enormes riquezas, desde dinero, metales preciosos, tierras… hasta el poder más absoluto.

      Y cuando tú escribes la historia, puedes permitirte ciertas licencias narrativas que desees, cambiar hechos y acontecimientos, exaltar unas y obviar otras. Y en la Biblia esto es una constante.

      Gracias por leer el blog.

      Un saludo.

  4. Me pareció un blog interesante hasta que noté ciertas contradicciones solo que es difícil de detectar por lo largo de la lectura y por que de un tema se lleva a otro. Soy una persona católica creyente y no por eso no es que no de lugar a creer en cosas que sean un poco distintas a las que nos han enseñado sin embargo no encaja todo lo anteriormente explicado.

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