¿Se Puede Predecir el Futuro?

¿Cuántos de vosotros, no ha intentado o no se ha sentido atraído alguna vez en acudir a una persona experta en artes adivinatorias? Todos hemos escuchado cómo alguien ha acudido o se ha puesto en contacto con estas personas, y cuentan cómo han acertado cosas que era imposible supieran de antemano. Y cuando escuchamos estas historias, siempre nos entra esa duda, ese atisbo de condicionalidad que nos hace reflexionar si realmente se puede adivinar el futuro. Y como seres mortales que somos, inseguros, llenos de miedos, sueños, esperanzas… a todos nos gustaría saber cosas de nuestro futuro, sobre todo si ese futuro es el que deseamos o se acerca a nuestras expectativas.

Pero nadie quiere saber el futuro a nivel colectivo, a nadie le interesa si el ser humano va a progresar como humanidad, si se va a erradicar el hambre, si vamos a evolucionar correctamente… nada de esto es relevante cuando alguien acude a un vidente. En estos casos, el ser humano se vuelve individual, egoísta, y lo único que desea que le digan, es aquello que ansía escuchar. Y si lo que le dicen no es lo que esperaba, no tomará esa predicción como acertada o correcta, y seguramente acuda a otra persona para una nueva predicción.

Ahora bien, ¿son todas las artes adivinatorias válidas? Existen muchísimas formas de predecir el futuro, desde las más conocidas como la cartomancia, tarot, quiromancia (leer las líneas de la mano), bola de cristal, oniromancia (interpretación de los sueños), selenomancia (mediante las fases y aspectos de la luna), etc… a las menos usuales y absurdas como la nefelomancia (según la forma de las nubes), filodoromancia (ruido de los pétalos de rosa al caer), halomancia (al echar sal al fuego), etc…

Existen muchísimas artes adivinatorias, a cual más esotérica, absurda y sin ninguna base científica, a la que ninguna persona debería hacer caso. Pero tal es el deseo de muchas personas por conocer sus designios, que acuden a cualquier método adivinatorio para calmar sus inquietudes. Y esto, ha originado un aumento exponencial de personas dedicadas a este campo, programas de televisión, y un aumento de la demanda.

Actualmente, cualquiera de nosotros puede encender la TV, y se encontrará en algún canal con un programa de este tipo, donde llama la gente, y donde las tarifas son muy elevadas, desproporcionadas, y donde se ha demostrado por diferentes medios de investigación, que todo es un gran negocio de la mentira, la estafa, el engaño y la estupidez. Aún así, muchos son los que se aferran a ellos para encontrar respuestas.

Existen muchas personas que dicen poseer el don de adivinar, de la videncia, cuando realmente lo único que poseen es no poseer escrúpulos.

Todo comenzó en 1.995 en la cadena TVL. Se trataba de un grupo de emisoras locales que ganaba millones de euros gracias a la programación ininterrumpida de videncia y concursos amañados, una fórmula que se sostenía a través de líneas telefónicas de alto coste que dejaban a la víctima media hora (el máximo tiempo estipulado legalmente), esperando al otro lado del teléfono para entrar en directo. Actualmente, si llamas y te mantienes a la espera ese tiempo, el gasto de esa llamada rondaría los 50€. Este importe, sumado a las cientos de llamadas que reciben, estamos hablando de un negocio que genera muchas ganancias por nada.

Estos programas tienen un muy bajo coste, no necesitan de publicidad porque se autofinancian con las llamadas de los espectadores, llenan la pantalla de impactos visuales para fomentar el impulso irracional de la audiencia y aprovecharse de la gente más débil. En mi país (España), ha proliferado mucho este tipo de programas en horario de madrugada, tanto es así, que llega a ser la única opción televisiva en los canales que no sean TDT o de pago. Octavio Acebes, Rappel, la Bruja Lola, Aramis Fuster, Sandro Rey, Silvia Raposo, Aída Romero, etc… son actualmente personajes notorios que se dedican a predecir el futuro de las personas.

Desde hace varios años, el canadiense James Randi,  escritor, ilusionista y escéptico, lleva sacando a la luz los fraudes relacionados con la parapsicología, pseudociencias, y supuestos poderes premonitorios de las personas. En 1.996 fundó la Fundación Educativa James Randi (JREF, por sus siglas en inglés). Esta organización intenta examinar las afirmaciones paranormales en condiciones controladas de experimentación. Entre 1.996 y 2.010, ofreció un premio de 1.000.000 de dólares a cualquiera que pudiera demostrar evidencia de cualquier poder o suceso paranormal, supernatural u oculto bajo ciertos criterios de observación. En esos catorce años, nadie ha superado las pruebas.

En este vídeo, podemos ver claramente como James Randi hace un experimento en una clase, para probar que la astrología sólo te dice lo que quieres oír.

La parte más difícil del proceso era conseguir que los aspirantes definieran con precisión qué podían hacer que fuera paranormal, cuál era su don o sus poderes, ya que la ambigüedad y la indeterminación son un recurso primordial de los charlatanes a la hora de declarar cualquiera de sus intentos como un éxito. Esta gráfica muestra claramente los resultados de todas las personas analizadas.

estadistica randi

Afirmaciones de poderes sobrenaturales. Confirmados a través del estudio, la experimentación y el análisis científico (cero resultados positivos). Rehusados a través de la experimentación (todas las pruebas realizadas). No ha habido nadie que haya podido comprobar que posea poderes.

Muchas de estas personas que han intentado demostrar que poseen un don especial, son personas con poderes adivinatorios, videntes, profetas… que creen predecir el futuro a través de los sueños, las cartas, telepatía, etc… Se ha demostrado con pruebas científicas e irrefutables, que ninguno posee ese poder y que todo es una farsa. Aún así, son miles de personas quienes acuden a ellos para encontrar respuestas, personas que quieren escuchar una mentira que les reconforte, a una verdad que les incomode.

James Randi fue el pionero, pero tras él, son muchas asociaciones quienes ofrecen cuantiosas cantidades de dinero para encontrar personas con verdaderos poderes adivinatorios.

En la India, el escéptico Basava Premanand fundó la Federación de Asociaciones Indias Racionalistas, que hace giras por localidades de la India para educar a la población y mostrarles el fraude de los gurús y faquires. Premanand ofrece 100.000 rupias a cualquier persona que pueda demostrar sus poderes psíquicos

Descrito por la BBC como un desmitificador de gurús (guru buster), Basava Premanand ha sido honorificado por el gobierno con su mayor premio por la promoción de los valores científicos entre el público. También en la India, Prabir Ghosh, ofrece 2.000.000 de rupias a quien demuestre que tiene poderes. Sus años de investigación, sacando a la luz las farsas y mentiras de charlatanes y curanderos, le ha ocasionado que hayan atentando 20 veces contra su vida.

Pero ya son muchos países quienes ofrecen dinero:

  • Los escépticos australianos ofrecen 100.000 dólares australianos.
  • La Asociación para la investigación escéptica (ASKE), ubicada en el Reino Unido, ofrece 12.000 libras.
  • Los escépticos del norte de Texas, ofrecen 12.000 dólares.
  • Los escépticos de Quebec ofrecen 10.000 dólares.
  • Un grupo de Nueva Zelanda que se hacen llamar “La Inmortalidad”, ofrecen 2.000.000 de dólares NZ.

Estos son sólo unos pocos ejemplos, pero existen muchos más de asociaciones o personas que ofrecen su propio dinero, para intentar encontrar a alguien que realmente posea poderes psíquicos, de adivinación, de predicción.

Pero si existe un lugar donde las personas más acuden para saber qué les deparará el futuro, son los horóscopos.

Un estudio realizado por E-Poll Market Research, una firma de servicios completos de investigación del consumidor cuantitativa y cualitativa, situada en Los Ángeles, llegó a la conclusión en octubre de 2.009, que casi 2/3 de las mujeres estadounidenses, leen el horóscopo de forma habitual, tanto para conocer qué le deparará el amor, trabajo, salud… así como para tomar decisiones financieras, inversiones o cambiar hábitos o estilo de vida. Esto significa que más de 100 millones de mujeres leen el horóscopo en EE.UU., donde muchas de ellas, les dan gran importancia y veracidad.

Un 55% de la población mundial es mujer. Actualmente más de 3.500 millones de habitantes en el mundo son mujeres. Si extrapolamos los datos a nivel mundial, unas 2.400 millones de mujeres leen de forma asidua el horóscopo en el mundo. Estos datos son muy reveladores del poder de atracción que tienen estas pseudociencias, y la búsqueda de respuestas a la incertidumbre de cada ser como ente individual. Estamos ante un mercado con una gran demanda y un gran poder de generar dinero fácil.

El estudio también reveló que las mujeres que usan los horóscopos:

  • El 37% lee los horóscopos para conocer la salud que iban a tener ese mes.
  • El 41% comparte su horóscopo con su entorno.
  • El 35% afirma que, dependiendo lo que diga su horóscopo, éste puede cambiar su estado de ánimo.
  • El 59% asegura tener un número de la suerte, donde el “7” es el nº más elegido, seguido por el “13”.
  • El 30% cree que las personas de otros signos, tienen una mejor vida sexual, simplemente por ser de ese signo.
  • Casi la mitad, lee el signo de su pareja, y dependiendo de lo que lea, actuará ese día de una manera u otra.

Leyendo estos resultados, vemos la incidencia que tienen los horóscopos en la vida de muchas personas, modificando su estado de ánimo, su actitud hacia los demás, e incluso creyendo que pueden empeorar su salud sin motivo alguno.

Si buscamos “horóscopo” en un buscador de internet, aparecen casi 100 millones de sitios sumando varios idiomas.

Parece claro, que la mayoría de la gente cree en ello, aunque no tenga ninguna base científica, y esté demostrado que es una farsa. En España, se gastan más de 1.000 millones de euros al año en que nos adivinen el porvenir. Es una cifra realmente elevada, con una demanda muy fuerte, que lo único que está consiguiendo es engañar cada vez más a mucha gente. Y lo curioso, es que un gran porcentaje de estas personas, asegurará que el dinero ha sido bien invertido, y que le han adivinado muchas cosas, pero lo harán simplemente por el hecho de no ridiculizarse, y por dar una imagen de que ha gastado su dinero de forma racional, y que los demás no vean en esa persona que ha sido una más de las estafadas y engañadas, demostrando un bajo nivel cultural en este aspecto.

Así que no es de extrañar, que un gran porcentaje de la población sea supersticiosa, y acuda a los amuletos, conjuros, hechizos, manías… para librarse de la mala suerte, o por contra, para atraer la buena suerte a sus vidas.

Seis de cada diez personas, manifiestan su disposición a creer en algo, cuando siete de cada diez le conceden poca o ninguna importancia a la religión, creemos porque queremos y ponemos nuestra fe donde más nos renta, por ejemplo, en la intuición (el 67% de los jóvenes confía más en ella que en su racionalidad).

Estamos marcados por el sentido de lo práctico y lo urgente. El 55% de las personas, no está dispuesto a creer en nada que no le resuelva problemas concretos. Y en ese menú cabe casi todo. Considerarse católico y tener veleidades esotéricas es reparar en la contradicción. De este tipo de creencias participa nada menos que el 59,2% de los jóvenes y 1/3 utiliza técnicas o herramientas esotéricas como el tarot, el péndulo, la ouija, los cristales… Entre las creencias más generalizadas están:

  • el destino (36%)
  • los ovnis y los extraterrestres (25%)
  • el horóscopo (23%)
  • comunicación con los espíritus (16%)

Consuelo Valero de Castro, autora de “Magia, hechicería y supersticiones de la Historia” y gran conocedora de la España mágica, recuerda una encuesta realizada en nuestro país en la década de los 80 y según la cual, “el número de bodas en los días 13 era un 60% inferior al de los otros días del mes, y si además ese día caía en martes, el porcentaje se elevaba al 85%”.

La Sociedad Española de Parapsicología ha cifrado en algo más de 1.000 millones de euros el gasto anual de los españoles sólo en adivinos y videntes, lo que viene a demostrar que la superstición es la mar de rentable para quien se decide a explotarla, sobre todo desde que en 1.989 se derogase la ley que hasta entonces perseguía a quienes, “por interés o lucro, interpretasen sueños, hicieran pronósticos o adivinaciones, o abusasen de la credulidad pública de manera semejante”.

Gran parte de nuestros miles de rituales supersticiosos, pivotan sobre tres ejes:

  1. sortear la muerte
  2. ahuyentar la pobreza
  3. espantar la soledad.

Es lo que se conoce como la triada (salud, dinero y amor). Y queremos llegar a conseguir la triada a través de la suerte. De ahí que una significativa cantidad de las supersticiones sea para atraerla. En Nigeria, por ejemplo, existe la creencia de que, si te llaman al móvil desde determinados números y descuelgas, puedes morir ipso-facto.

¿Quién de vosotros, no ha recibido una cadena de la “suerte”, que si no lo reenvías a “X” personas antes de un plazo determinado, tendrás mala o buena suerte? Todos lo habéis recibido, y sois muchos quienes reenvían el mensaje, por si acaso!!!!

Un estudio del psicólogo de la Universidad de Hertfordshire (Gran Bretaña) Richard Wiseman, autor de una interesante investigación sobre la suerte y los rituales vinculados a ella realizado a 4.000 personas, llegó a la conclusión que la gente que se autopercibe y se siente desafortunada, cree, por lo general, en supersticiones relacionadas con el mal fario, como las de romper espejos, pasar por debajo de una escalera o tener algún desafortunado encuentro con el número 13. Por contra, las personas que se describen como afortunadas tienden a poner en práctica comportamientos supersticiosos diseñados para atraer la buena suerte (tocar madera, cruzar los dedos…). En la encuesta de Wiseman, reconoció tener algún comportamiento supersticioso el 86% de los británicos. El estudio refleja que la gente supersticiosa tiende a sentirse preocupada respecto a su vida, tiene una fuerte necesidad de control y una muy baja tolerancia a la ambigüedad.

¿Es la generalizada incertidumbre que vive nuestra sociedad la que nos aboca a la superstición? Parece evidente que la incertidumbre es el término que mejor define la actual situación de la sociedad europea. Hay muy poca gente con convicciones sólidas (fundamentales o, al menos, críticamente razonadas). La mayoría son superficiales, y las personas son un objetivo claro de toda suerte de supersticiones, querencias, amuletos. Son, muchas veces, signos de inseguridad y no de una moda pasajera.

El fenómeno religioso surge con el despertar de la conciencia y ésta emerge inevitablemente contaminada por la magia.

Cuando el sentido religioso parece extinguirse, permanece en realidad como magia: las cartas, los adivinos, videntes… Existe un instinto muy fuerte de conocer  acerca de lo sobrenatural y misterioso, de ahí la creciente atracción por conocimientos provenientes de diferentes tradiciones religiosas y esotéricas.

En algunas sociedades, tribus y grupos, la figura del adivino está muy arraigada. En la antigüedad los adivinos eran considerados profetas, incluso los rituales mágicos surgidos de la alquimia derivaron en la química moderna. Nada es casualidad y la necesidad del ser humano de satisfacer la incertidumbre que genera el futuro siempre ha estado presente a lo largo de la historia.

Ahora bien, ¿dónde y cómo comenzó todo? Hace 2.500 años, una mujer predecía el destino de imperios y reyes. Pronunciaba sus profecías en estado de trance, y sus palabras eran adivinanzas que había que interpretar y reflexionar sobre ellas para comprenderlas. Esta mujer residía en el Santuario de Delfos, templo consagrado al dios Apolo. Esta mujer era conocida como el Oráculo de Delfos.

Algunas predicciones versaban sobre Alejandro Magno, la política griega, la destrucción de Troya… Todos, sin excepción, creían firmemente lo que el oráculo de Delfos vaticinaba. Incluso grandes escépticos que dudaban de todo como Platón, creía que las palabras del oráculo eran las palabras de los mismísimos dioses.

El oráculo de Delfos tenía que reunir una serie de requisitos, ya que el cargo era vitalicio. Debían vivir siempre en el Templo, debían ser jóvenes, atractivas y vírgenes. Sólo hacían predicciones desde febrero hasta octubre, y lo hacían una sola vez al mes. Es decir, sólo “trabajaban” nueve veces al año. Pero era tan agotador, que necesitaba de un proceso largo de descanso para restablecerse del trance, tanto física como psicológicamente.

La palabra oráculo tenía tres significados:

  1. sacerdotisa que pronunciaba las profecías.
  2. las propias profecías.
  3. el lugar donde se decían dichas profecías.

Pero no sólo fue esa primera mujer la considerada oráculo de Delfos, sino que su gloria duró un milenio, siendo varias personas quienes vaticinaron acontecimientos futuros. Así que el poder de la predicción no residía en las personas, sino en el lugar, en Delfos. La mitología griega, dice que Delfos es el centro exacto del Universo.

La leyenda cuenta, que al amanecer, Zeus soltó dos águilas, una desde el extremo oriental del mundo, y otra desde el extremo occidental, y ambas se encontraron justo en Delfos. El símbolo de Delfos es el ónfalo, el ombligo que representa el centro del mundo.

onfalo

El santuario estaba dedicado al dios Apolo (dios de las profecías), quien eligió a una mujer para que fuera su Suma Sacerdotisa, y la llamó Pitia (Pitonisa). La Pitia profería sus vaticinios en un estado de trance, convirtiéndose en la voz de los dioses. Antes de realizar sus profecías, se bañaba con agua de la Fuente de Castalia, después cogía una rama de laurel (el árbol sagrado de Apolo), se acomodaba en el asiento ceremonial, situado en el fondo del templo, y empezaba a profetizar. Mientras ella recitaba, varios sacerdotes anotaban sus palabras.

Era tal su poder, que no se podía tomar una ciudad sin consultar con el oráculo, tampoco cambiar leyes, absolutamente nada podía hacerse que pudiera cambiar los designios de una ciudad sin consultarla a priori. Tal era su poder, que miles de personas peregrinaban hasta Delfos para escuchar la palabra de los dioses. Cuando entraban al Templo, podían leer “Conócete a ti mismo“.

Las personas que conseguían ponerse cara a cara con la pitonisa, emitían su pregunta, y la pitonisa les respondía. Un día, en el siglo VI a.C., un rey poderoso quiso poner a prueba la fiabilidad del oráculo de Delfos. este rey se llamaba Creso, rey de Lidia, en la península de Anatolia, que en aquella época era la potencia más poderosa de Asia Menor.

Creso mandó emisarios a todos los oráculos de Grecia, para que les preguntaran si podían predecir qué iba a hacer justo cien días más tarde. Creso quería saber, en qué oráculos podía confiar. Cuando hicieron esta pregunta al oráculo de Delfos, dijo:

“Sé cuántos granos tiene la arena, y cuánto mide el mar; entiendo al mundo, y oigo la voz del que no habla; azota mis sentidos el sabor de la tortuga y del cordero que cuecen en bronce”.

Estas fueron sus palabras, y pasados los cien días, Creso mató una tortuga y un cordero, y los hirvió en un caldero de bronce. Realizó esa acción inverosímil, porque pensó que nadie podría adivinar que hiciera eso, ni siquiera ningún oráculo. Esta predicción, hizo que Creso ofreciera múltiples tesoros a la pitonisa.

Creso ansiaba tomar Persia para extender su imperio, así que tomó la determinación de ir hasta Delfos para preguntar en persona al oráculo sobre este ataque. La respuesta fue: “Si cruzas el río Halys con tu ejército, destruirás un gran imperio“. Creso tomó esta predicción como vaticinio de que podía realizar el ataque, así que se dirigió con su ejército hacia la guerra, cruzó el río Halys y fue derrotado, acabando con su propio reino en el año 590 a.C. Efectivamente, un gran imperio fue destruido, aunque no fuera el que Creso interpretó con las palabras del oráculo.

Creso reprochó y culpó a la pitonisa de su derrota, y el oráculo respondió: “Apolo predijo que caería un gran imperio, únicamente tenías que haber preguntado cuál de los dos imperios hacía referencia, pero no lo hiciste”.

Si analizamos la respuesta del oráculo, no podía fallar en su predicción. Es evidente, que uno de los dos imperios caería, así que la profecía iba a ser válida de cualquier forma. Esto que parece tan evidente, es a lo que recurren hoy en día los videntes con sus predicciones ambiguas. De esta forma, si la predicción falla, es culpa siempre de quien recibe la predicción, por no haber interpretado correctamente sus palabras.

En el año 480 a.C., Persia era el imperio dominante y estaba dispuesta a atacar Atenas. Ante el poder persa, los atenienses enviaron dos emisarios a ver al oráculo en busca de respuestas y consejo. Pitia dijo: “Id al final del mundo, el dios de la guerra de amplia cabellera os hará caer desde un carro persa. Apresuraos, marchaos con celeridad del santuario, y someted vuestros corazones al dolor”.

Al día siguiente, los emisarios volvieron para encontrar una respuesta más tranquilizadora. Pitia dijo: “Zeus, que todo lo ve, os asegura a los atenienses que la única que no caerá, será la muralla de madera, aunque os ayudará a vosotros y a vuestros hijos”. Los emisarios se marcharon del templo, desconociendo qué había querido decir la pitonisa, y sin saber qué era la muralla de madera.

Cuando llegaron a Atenas, dijeron a las más altas instancias de la ciudad, las palabras de la pitonisa, y se reunieron para dilucidar qué iban a hacer e interpretar las palabras proféticas. Un porcentaje de atenienses, en lugar de resguardarse tras las murallas de la ciudad o empezar la guerra en tierra firme, decidieron salir a las aguas y luchar en el mar contra el ejército persa. Fueron muchos los atenienses quienes abandonaron la ciudad o la quemaron. Los atenienses ganaron la batalla sobre las aguas. Aquellos que interpretaron el oráculo de forma distinta, y se quedaron en la ciudad, fueron asesinados por los persas que tomaron tierra. Pero fueron muchos mujeres y niños, quienes estaban a salvo en la Isla de Salamina.

En Delfos había dos dioses, Apolo y Dioniso. Uno era la razón, y el otro del éxtasis. Apolo era la representación contraria a Dioniso y viceversa. Ambos dioses representan la frase que imperaba en la entrada del templo “Conócete a ti mismo”, uno desde la perspectiva de la sobriedad y la razón, y otro desde la ebriedad y un estado más en trance.

Apolo ejercía el poder de febrero a octubre, que eran exactamente los meses que los oráculos predecían, y Dioniso lo ejercía en la época invernal. Nueves meses de Apolo y tres meses de Dioniso. El historiador Plutarco, que fue sumo sacerdote de Delfos, dijo que esa división hacía referencia a la naturaleza humana, 3 partes racionales y 1 mística. Si el año tenía 12 meses, 3 partes eran 9 meses, y 1 parte eran 3 meses.

Las seguidoras de Dioniso eran conocidas como Ménades. La traducción sería algo así como “las que desvarían”, y cuando llegaba la época invernal, lo celebraban con extraños ritos y ceremonias, y con mucho vino (Dioniso era el dios del vino). Cada comienzo de noviembre, catorce mujeres atenienses se juntaban con catorce mujeres de Delfos, y bailaban en el Monte Parnaso. No paraban de beber y bailar hasta no ser conscientes de la realidad, hasta unirse por completo a su dios Dioniso.

menades

Se las conocía como mujeres en estado salvaje y de vida enajenada con las que era imposible razonar. Eran mujeres homosexuales, que mantenían relaciones con las mujeres de Delfos, eran violentas, cazaban animales salvajes y se los comían crudos, ingerían grandes cantidades de vino y otras sustancias, llegando a la locura. Por este motivo, la palabra ménades, ha derivado en “manía“, trastorno mental consistente en una elevación anómala del estado anímico.

Estos fueron los comienzos de las artes adivinatorias, que aún perdura en nuestros día, y al igual que los dioses hablaban a través de las pitonisas, actualmente existen personas que afirman que sus predicciones se realizan por medio de dios, como Uriella. Era la líder del movimiento llamado “Fiat Lux” (que la luz sea), y afirmaba que sus revelaciones provenían de Jesús y María, sobre el devenir de los hombres y su destino. Ella afirmaba haber sido María Magdalena. Presenciar cómo entraba en trance y supuestamente era la vía de los dioses para hacernos llegar su mensaje, es todo menos creíble, llegando a ser ridículo y dantesco.

En episodios anteriores, ya dediqué dos post extensos sobre dos personajes que pasaron a la historia por sus predicciones y visiones de futuro:

1.- Julio Verne https://jorgepalazon.wordpress.com/2012/01/12/el-profeta-de-nantes/

2.- Nostradamus https://jorgepalazon.wordpress.com/2011/10/21/la-profecia-del-juicio-final/

Las predicciones existen desde tiempos remotos, y cada época ha tenido sus profetas, sus videntes, adivinos, pitonisas… y la naturaleza del ser humano está dispuesta a creer, e interpretará cualquier indicio como auténtico, como real, porque necesita aferrarse a un conocimiento más amplio, a eliminar la incertidumbre a encontrar respuestas rápidas que sacien y calmen sus miedos, sus inseguridades. Y tomamos las casualidades como actos del destino.

Entonces la pregunta es, ¿se puede predecir el futuro? La lógica y la razón nos dicen que no, pero de alguna manera el ser humano piensa que el futuro puede ser predecible, que debe existir un método por lo menos teórico, que por estricta probabilidad, confirme su existencia. De esta forma, moldeamos la realidad para que el futuro deseado sea igual al futuro que buscamos. El científico Arthur Clarke, dijo: “el concepto de predicción es un disparate lógico, porque es una afirmación acerca del futuro, y ¿cómo podría uno hacer una aseveración significativa acerca de algo que no existe?”

Parece evidente, que la mayoría de las personas que afirman tener el don de la predicción, no la poseen, y que simplemente son embaucadores, charlatanes y estafadores, que se aprovechan de la debilidad de las personas y de ese instinto tan primario que tenemos, encontrar respuestas a nuestra incertidumbre, a nuestro destino.

Pero sí que parece existir una correlación entre las posiciones de los planetas y nuestros designios. Parece que el Universo tiene vida propia, donde predominan unas leyes que desconocemos, que la ciencia investiga, estudia, observa y analiza constantemente. Es como si la posición de cada planeta, en un momento determinado, tuviera una incidencia directa en la vida de las personas.

Cada vez parece más evidente que el Universo, que cada rincón de nuestro Cosmos, forman un todo, que tiene un sentido y una finalidad que aún desconocemos, y que los seres humanos somos una parte vital, aunque pensemos que somos una parte prescindible de todo el entramado infinito. ¿Es posible que la posición de los planetas sean fundamentales para conocer nuestro futuro? Existen muchas evidencias que así lo confirman, aunque parezca disparatado.

A lo largo de nuestra vida, hemos observado, comprobado y experimentado, que nos han ocurrido o han ocurrido en nuestro entorno, coincidencias en las que dos o más acontecimientos independientes y sin aparente conexión casual parecen, no obstante, constituir un patrón de significado.

Carl Jung, fue el primero en hablar de ello, un fenómeno que llamó sincronicidad, en 1.928. Durante veinte años estuvo investigando sobre ello, hasta que lo expuso en la Conferencia de Eranos. El principio de sincronicidad presentaba paralelismos con determinados descubrimientos de la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica.

A Jung le llamaba mucho la atención lo que llamamos coincidencias, ya que ocurrían con cierta frecuencia y ejercían una gran influencia en su propia experiencia. La coincidencia de significado entre un estado interior y un acontecimiento exterior simultáneo, parecía producir en la persona un movimiento sanador psicológico. Estos acontecimientos daban lugar a un nuevo sentido de orientación personal en un mundo que se consideraba capaz de encarnar finalidades y significados más allá de las proyecciones subjetivas del ser humano. El caos aleatorio de la vida parecía encubrir un orden más profundo.

La sincronicidad postula un significado a priori en relación con la conciencia humana y que, al parecer, existe fuera del hombre, como si fuera un mundo propio dotado de alma.

Las coincidencias suelen ser significativas desde el punto de vista personal. La astrología, postula una correspondencia simbólica entre las posiciones planetarias y los acontecimientos de la existencia humana, y parecen afirmar que los movimientos y las configuraciones del cielo están sincrónicamente correlacionados con los movimientos y las configuraciones de los asuntos humanos.

De todas las perspectivas y teorías, la astrología es la que traspasa de modo más incómodo la línea de las predicciones, la que más evoca la burla, objetivo de la mofa por las investigaciones, revistas y estudios de probada seriedad. Por encima de todo, la astrología es el punto de vista que más directamente contradice la lógica. Postula un cosmos impregnado de sentido que tiene su foco, como nexo de ese sentido, en la Tierra e incluso en el ser humano individual. Semejante concepción del universo se contrapone radicalmente a los supuestos más fundamentales de la mente moderna.

La primera carta natal u horóscopo que se conoce, data del 400 a.C. (época de Sócrates y Platón).  Los primeros estudios a gran escala estadísticos se realizaron en Francia por los hermanos Gauquelin, desde las década de los 50. Demostraron una correlación estadística muy significativa entre la localización de Marte en el horizonte oriental en el cenit, y el nacimiento de atletas prominentes. Análogas correlaciones con posiciones planetarias se encontraron con otros nacimientos de eminentes líderes en otros campos:

  • Saturno para los científicos
  • Júpiter para los políticos
  • La Luna para los escritores

A principios de los 80, el filósofo Hans Eysenck, siguiendo los estudios de los hermanos Gauquelin, quien no simpatizaba con la astrología y muy crítico hacia el psicoanálisis, publicó un resumen de sus conclusiones: “Nos sentimos obligados a admitir que hay aquí algo que requiere explicación. Los hallazgos son inexplicables, pero se trata de hechos, y no pueden seguir siendo ignorados, no podemos hacer como si no existieran simplemente porque no sean del agrado de las leyes de la ciencia de hoy o no concuerden con ellas. Está naciendo una nueva ciencia”.

Una ley conocida como Ley de Titius-Bode, es una ley por la que utilizando el número de orden del planeta y una operación matemática, se deducen las distancias de los planetas al Sol. J. D. Titius lo descubrió en 1.766, pero no tuvo eco científico hasta que la dio a conocer J.E. Bode en 1.772. Es una ley empírica (a la cual no se le ha encontrado ninguna explicación física) que se dedujo cuando sólo se conocían los seis planetas mayores: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. La ley se hizo famosa al descubrirse Urano y encontrar Ceres y el cinturón de asteroides a las distancias marcadas por la Ley de Titius-Bode.

Bode estudió la sucesión: 0, 3, 6, 12, 24, 48, 96, 100, 104,… sumando cuatro a cada término y dividiendo el resultado entre diez, obtuvo la sucesión: 0.4, 0.7, 1.0, 1.6, 2.8, 5.2, 10.0,…. Si el número 1 representa una unidad astronómica, estas cantidades predicen con bastante aproximación las distancias de los planetas Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno, con respecto al Sol. La fórmula que creó es:

a (U.A.) = 0,4 x 0,3 x 2n

  • “a” es la distancia media en U.A. (unidades astronómicas, la distancia entre la Tierra y el Sol)
  • “n” varía entre infinito (∞) para Mercurio, “cero” para Venus, “1″ para la Tierra.. y así sucesivamente.

1 Unidad Astronómica, es la distancia entre la Tierra y el Sol, que son 149.597.870 km, por este motivo, el valor para la Tierra es 1.0.

Para Marte, la fórmula predice una distancia de 1,6 U.A., cuando actualmente, con toda la tecnología existente, la cifra más exacta es 1.52 U.A. Al principio, esta fórmula era una simple curiosidad, pero en el año 1,781 se descubrió Urano a una distancia de 19,18 U.A. La fórmula de Titius daba como resultado 19,6 U.A., algo realmente preciso y, en ese momento, nada casual. El cinturón de asteroides se descubrió a una distancia media de 2,8 U.A., resultado que coincidía con el resultado de Titius. Ceres, el primero de los asteroides descubierto en el año 1.801, estaba a 2,77 U.A. En aquella época, no se sabía que existiera algún planeta a una distancia de 2.8 U.A.

Ley de Titius-Bode

Planeta Distancia Real Fórmula
Mercurio 0.4 0.5
Venus 0.7 0.7
Tierra 1.0 1.0
Marte 1.5 1.6
Ceres 2.8 2.8
Júpiter 5.2 5.2
Saturno 9.5 10
Urano 19.2 19.6

 Con esta ley, desaparece la aleatoriedad y caos de la teoría de Laplace. ¿Cuánto de azar, coincidencia, casualidad existe en la ley de Titius-Bode? ¿Existe realmente un poder que influye sobre nuestras vidas? ¿Cómo pueden los planetas influir sobre acontecimientos de la Tierra si no se han observado fuerzas físicas que puedan actuar como causas de esos acontecimientos? ¿Realmente la posición y alineaciones de los planetas, son indicios de lo que nos deparará el futuro? ¿Se puede predecir el futuro? ¿Existen datos, hechos y acontecimientos que puedan explicarlo y confirmarlo?

La respuesta a estas cuestiones, próximamente en el Episodio II de “¿Se puede predecir el futuro?”

Si existe algo casual, es porque hay una causa para su existencia. (Jorge Palazón 01/04/2.012).

Cuando todo apunta a una misma causa, la casualidad jamás puede ser una explicación. (Jorge Palazón 14/09/2.012).

Nos dicen que la casualidad es un suceso imprevisto cuya causa se ignora, yo más bien diría que ignoramos la causa de tantos sucesos, que simplemente lo llamamos casualidad. (Jorge Palazón 24/08/2.013).

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3 Respuestas a “¿Se Puede Predecir el Futuro?

  1. Yo creo que sí, estoy realmente convencido que si. Pero, el futuro es dinámico, no es estático como muchos creen. Cada quién puede elegir.

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