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“Eras” astrológicas

Todos hemos escuchado acerca del final de los tiempos. Aparte de las representaciones del  “Libro de las Revelaciones” (más conocido como Apocalipsis de Juan, único libro de carácter profético de la Biblia), la fuente principal de la idea de un apocalipsis, la tenemos en San Mateo 28:20, donde Jesús dice; “estaré contigo hasta el fin del mundo”. Sin embargo, la verdadera palabra utilizada por Jesús fue “aeon“, que significa “Era“. Así que realmente la traducción sería; “estaré con vosotros hasta el final de mi Era“. 

La notoriedad de la fecha 21 de diciembre de 2.012, ha surgido gracias al calendario maya. Éste calendario está basado en ciclos, dentro de ciclos, dentro de ciclos… así que, lo que pasará en esta fecha es el término de un ciclo. La pregunta es, ¿qué ciclo es el que va a terminar y cuál va a empezar?

El Gran Ciclo maya, comenzó el 13.0.0.0.0, que traducido al calendario Gregoriano, hace referencia al 3.113 a.C. Una fecha muy llamativa, ya que los libros de historia, fechan el inicio de las civilizaciones en el año 3.100 a.C. La fecha del comienzo maya es muy significativa, y se torna muy precisa. La primera ciudad en la historia fue Uruk (la actual Irak), fundada por siete hombres sabios en el inicio de la historia en Mesopotamia. Esta ciudad nació en el 3.100 a.C.

El calendario maya se divide en Cinco Grandes Ciclos. El primero se inició hace 25.800 años. Esta fecha no es arbitraria, sino que corresponde a los años que la Tierra tarda en completar un ciclo de precesión (descubierta por Hiparco de Nicea en el año 134 a.C.). En astronomía, la precesión de los equinoccios, es el cambio lento y gradual en la orientación del eje de rotación de la Tierra. Para comprenderlo mejor, este cuadro representa el parecido existente entre el movimiento rotatorio de la Tierra, y el movimiento ondulatorio de una peonza.

Este cambio es debido a las fuerzas que ejercen la luna y el sol, sobre el ecuador de la Tierra, que tienden a llevar el exceso de masa presente en el ecuador, hasta el plano de la eclíptica (línea curva por donde transcurre el sol alrededor de la Tierra, visto este movimiento “aparente” desde nuestra perspectiva). Se podría decir que, es el círculo máximo que visto desde la Tierra traza el sol, de forma “aparente” a lo largo de un año.

 

La eclíptica corta el plano del ecuador celeste en dos puntos, llamados equinoccios (que significa “noches iguales”). Entre los equinoccios encontramos los solsticios (que significa “cuando el sol permanece estático”). Es importante estar familiarizado con estos términos y su importancia, para comprender el calendario maya.

Cada 25.800 años cambia la posición de los polos celestes y los equinoccios. Esto implica que los signos del zodíaco ya no se correspondan con sus respectivas constelaciones. Mientras nuestro Sistema Solar gira alrededor de la galaxia, sigue una trayectoria de 14º de anchura (eclíptica). Ésta, cruza la Vía Láctea que periódicamente se alinea con el centro de la galaxia. Esta alineación, parece ser el gran foco donde apuntan todas las teorías y profecías sobre el Día del Juicio Final.

Los antiguos egipcios, se dieron cuenta que, cada 2.150 años, el amanecer en la mañana del equinoccio de primavera, ocurría en una constelación diferente (en un signo zodiacal diferente). Nuestro planeta rota sobre su eje una vez cada 24 horas. Al rotar, la fuerza gravitatoria de la luna, lo “obliga” a inclinarse 23,5º respecto a la vertical. Este hecho, más la fuerza gravitatoria que también ejerce el sol sobre nuestro planeta, es lo que provoca la oscilación del eje actuando como la peonza.

Así que, tenemos que cada 2.150 años, avanzamos un Ciclo, una nueva Era. Para llegar a la cifra de 25.800 años, hay que pasar por 12 Eras (las doce constelaciones). ¿Casualidad?, obviamente no. Los mayas calcularon de forma muy precisa estos datos, así como los egipcios mucho tiempo antes de la religión católica. ¿Cómo pudieron hacerlo sin tener la tecnología actual?; ¿cómo pudieron averiguar datos astronómicos y matemáticos tan precisos?; ¿cómo sabían que la Tierra era redonda?. Hay muchos interrogantes sobre cómo pudieron hacerlo. Una de las teorías más sólidas es que sí tenían los conocimientos y las herramientas necesarias. Las teorías sobre este misterio las analizaré en otros episodios.

Del 4.300 a.C. hasta el 2.150 a.C. fue la Era de Tauro (el toro). Del 2.150 a.C. hasta el 1 a.C. fue la Era de Aries (el carnero). Del 1 d.C. a nuestros días, estamos en la Era de Piscis (los peces). La Eras que se nombran en la Biblia, se recogen en el Antiguo Testamento, cuando Moisés baja del Monte Sinaí con los Diez Mandamientos, las Tablas de la Ley, que supuestamente, están ocultas y guardadas en el Arca de la Alianza.

Moisés, al bajar del Monte Sinaí, y ver a su pueblo, entró en cólera al ver que estaban adorando a un becerro de oro, de hecho, destroza las Tablas de la Ley, tirándolas contra las piedras, y obliga a esa gente a matarse y así purificar su alma. La pregunta es, ¿por qué reacciona de esa manera Moisés?.

Este enfado proviene porque se está venerando un ídolo falso. El becerro de oro (el toro dorado), es la representación de Tauro, el símbolo de la Primera Era. Moisés representa la Segunda Era, la Era de Aries (el carnero). Por este motivo, los judíos hoy en día soplan el cuerno del carnero, llamado Shofar, para celebrar el Año Nuevo Judío (Rosh Hashaná) y el Día del Perdón (Yom Kipur).

Moisés representa la nueva Era, el cambio de constelación, el cambio de signo, y todos deben dejar atrás la Era de Tauro, sin excepción. En episodios anteriores expliqué cómo muchas deidades antiguas estaban asociadas al toro; Osiris (dios egipcio), Shivá (dios hindú), Marduk (dios mesopotámico), Minos de Grecia y la leyenda del Minotauro. Mitra (dios persa), etc.

La Biblia refleja un movimiento simbólico a través de Tres Eras, mientras anuncia una Cuarta Era. Jesús es la figura que acompaña la Era que sigue a Aries, la Era de Piscis (por eso el cristianismo es simbolizado con el pez).

El simbolismo del pez abunda en el Nuevo Testamento. Jesús alimenta a 5.000 personas con cinco panes (recordemos que el lugar donde nació, Belén, significa “la casa del pan”) y dos peces, según San Mateo 14:17. Camino de Galilea se hace amigo de dos pescadores. Estos hechos son muy parecidos a los del profeta Elías (800 a.C.), que huyendo de Jezabel, huye a Judá. Mientras duerme, un ángel le indica que se dirija al Monte Horeb (más conocido como Monte Sinaí), durante cuarenta días y cuarenta noches.

En su camino, se introdujo en una cueva, donde le visitó Jehová Dios, ordenándole que su misión, y el propósito de su viaje, era ungir como rey de Siria a Hazael, y a Jehú como rey de Israel y a Eliseo como profeta sucesor. Dió de comer a 100 personas con veinte panes y unas espigas, en la ciudad de Gigal, y también se le atribuye la multiplicación del aceite, la cura de la lepra y la resurrección de un niño que falleció de una enfermedad en la cabeza. Esta sucesión de acontecimientos, paralelismos y “casualidades”, ya no deben pasar desapercibidas, es una constante.

En Lucas 22:10, los discípulos preguntan a Jesús dónde serán las siguientes Pascuas, una vez Él se hubiera ido. Jesús contestó; “cuando entren en la ciudad, contemplen,  y encontrarán un hombre sosteniendo un cántaro de agua, síganlo a la casa donde entre”. Ese hombre al que hace referencia Jesús es Acuario, que es mostrado e identificado como un hombre echando agua desde un cántaro.

Todo lo que Jesús está diciendo a sus discípulos es, que cuando Él se haya marchado, habrá acabado su Era, y entrará una nueva Era, la Era de Acuario.

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