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La Verdadera Historia del Mundo

El ser humano, necesita de verdades absolutas. Estas, nos dan seguridad en un mundo siempre en estado de cambio. La existencia de esas verdades, hace que nos centremos en asuntos más personales, que nos afectan más en nuestra vida diaria. La mayor parte de la gente, da por sentadas muchas “verdades” sin cuestionarlas, simplemente se inculcaron en nuestras mentes cuando éramos unos críos, y crecimos con ellas.

Un ejemplo claro de lo que trato de decir, son las religiones. Un bebé nacido en un país musulmán, crecerá con esa ideología, con esa creencia, porque los mayores se la inculcaron. Ese mismo bebé, si hubiera nacido en un país católico, habría crecido con una creencia totalmente diferente. Entonces, ¿cuál creencia es mejor?. ¿Cuál es más “verdadera”?. Si lo pensamos y razonamos, no tiene ningún sentido. Y la religión es una verdad absoluta, incuestionable, y en muchos casos se convierte en un estilo de vida y un pilar que condiciona la conducta. Y esto, también sucede en la ciencia. La diferencia estriba, que la ciencia sí es capaz de cambiar su mentalidad, de corregir los errores, de avanzar, de ser mucho más humilde que las religiones.

Y esa aceptación de que todo es cambiante, de encontrar respuestas cada día, fundamentadas en las pruebas, en el razonamiento, lleva a la ciencia a dudar de todo, porque considera que la vida es mucho más compleja de lo que creemos. Y este nuevo capítulo, es un viaje  para agitar la mente de que nada es lo que parece, para cuestionar que la vida, nuestro pasado, nuestros inicios, no fueron posiblemente como nos lo han contado.

La especie homo, surgió hace 2,5 millones de años. Antes de esa fecha, no debería haber indicios de que existieran, y menos aún, que fuera vida inteligente. Esto es lo que creemos, lo que nos dicen los libros de historia , y es probable que haya que reescribir todo de nuevo.

¿Se creó la vida en la Tierra como se nos ha contado?. ¿Fue todo gracias a un azar, a una intervención divina, a un proceso lógico, o por el contrario existen otras variables que expliquen cómo se originó todo?. Vamos a retroceder en el tiempo, a miles de millones de años.

Los estromalitos, son células que se agrupan en colonias formando rocas sedimentarias. Sus  fósiles unicelulares aparecen en todas las Eras geológicas y son los indicios más antiguos de vida en la Tierra, y su aparición se remonta a 3.500 millones de años, en fósiles encontrados en Warrawoona (Australia). Esto es lo más antiguo que conocemos como vida en la Tierra.

Los organismos pluricelulares aparecieron en la Era Ediácara. Eran en su mayor parte anélidos (lombrices y gusanos), celentéreos (medusas), y equinodermos (estrellas de mar), y su antigüedad se remonta a 750 millones de años. Con la aparición de animales de partes más duras, se pone fin a la Era Precámbrica, para dar paso a la Era Paleozoica (hace 542 millones de años).

Apenas existen fósiles de la Era Precámbrica, ya que en su totalidad, se trataba de seres con cuerpos blandos, y desprovistas de partes duras que pudieran fosilizar. Y repentinamente, aparecen un número ingente de seres nuevos, todo un misterio sin una explicación razonable. Se conocen cinco extinciones masivas en la historia del planeta. Lo más llamativo, es lo repentino de cada suceso, las especies que se extinguieron, siendo una forma demasiado selectiva, y que siempre, después de cada extinción,  surgiera una especie nueva dominante mucho más evolucionada e inteligente, surgida de la “nada”.

Nos enseñaron que la vida en la Tierra, surgió a partir de materia sin vida, inorgánica, y que en un caldo primitivo, gracias a la electricidad generada por las tormentas, repentinamente, surgieron proteínas complejas. La forma de vida más pequeña conocida es la célula, y de una primera célula debió surgir todo. Pero, ¿de dónde salió esa primera célula?.

Para la formación de células, se requiere de muchas proteínas, y la proteína más simple que puede concebirse, consta de 239 moléculas. Así que una molécula de proteína, constituye un gran número de aminoácidos y enzimas, que deben unirse en un orden establecido, nada de azar. El profesor James F. Coppedge (director del Centro de Investigación de la Probabilidad Biológica), calculó la probabilidad para que ocurriera dicho suceso. El resultado era 1:10 elevado a 23, es decir, 1 posibilidad contra 10.000.000.000.000.000.000.000. En ese caldo original, se dio exactamente la probabilidad para que la célula naciera. Para que tomemos constancia de que ocurriera ese hecho, la probabilidad de que aciertes la Lotería Primitiva es de 1 entre 14 millones. Así que sería más probable que te tocara en vida, a ti y toda tu familia, la Lotería Primitiva, Euromillones, Bonoloto y El Gordo, cientos de miles de veces, cada vez que jugaras, cada semana, te tocaría el premio máximo, que hubiera surgido una célula en esas condiciones.

Y esa célula, en unas condiciones adversas para la vida, con una atmósfera llena de metano y amoníaco, radiación ultravioleta, etc… y donde el oxígeno sería un veneno mortífero, tuvo la capacidad de reproducirse. Y esto sólo se puede conseguir teniendo una cadena de ADN, por muy simple que fuera esa cadena. Lo fue transmitiendo a generaciones de células, hasta que se formó una bacteria. Una bacteria, ya tiene una función, ya posee información de lo que debe hacer. De la “nada”, del azar más increíble de todos los tiempos, se creó una célula, la cual, por causas increíbles, consiguió transmitir ADN para crear vida “inteligente”, con una función esencial y precisa.

El Premio Nobel, George Wald, publicó en 1.954, en la revista Scientific American, que la ciencia demostró que la vida pudo aparecer por casualidad diciendo: “El tiempo lo hace todo, lo imposible se hace posible, lo posible probable y lo probable cierto.” Dios queda entonces excluido, porque encontramos el origen de la vida sin necesidad de un Creador. Aún así, su razonamiento me parece demasiado vacío para tomarlo como válido. Solo hay que esperar a que el milagro surja, solo hay que darle el tiempo “necesario” para que suceda.

Cinco años más tarde, el profesor Harold Morowitz, físico de la Universidad de Yale, calculó la probabilidad de que la bacteria más sencilla, fuera producida mediante modificaciones accidentales. El resultado era 1:10 elevado a 100.000.000.000, es decir, un número gigantesco para creer en la casualidad. Esto, obviamente, echaba por tierra la teoría de Wald. Haría falta infinidad de tiempo, para que esa probabilidad se diera, millones de millones de millones de miles de millones de años, y así, sucesivamente. Wald era un gran biólogo, pero un nefasto matemático. Wald sólo conjeturó un cálculo cualitativo, no cuantitativo, como hicieron muchos científicos después.

Desde hace décadas, ningún científico serio y honesto acepta que la vida se haya originado por casualidad. Esta teoría es considerada matemáticamente imposible. No existió el tiempo suficiente para que esas casualidades se dieran. El científico George Ferrows, calculó que la probabilidad de que apareciera la entropía (medida del desorden, de la incertidumbre), o la ley de gravedad por sí mismas, es de  1:10 elevado a 123. Por lo tanto, es imposible que algo ocurra por casualidad cuya probabilidad es tan sumamente elevada.

El profesor Bruno Vollmert (autor del libro “La molécula y la Vida”), profesor de Química Macromolecular, dedicó muchos años a investigar la creación de ADN en laboratorios de primer nivel, avanzados tecnológicamente. Su conclusión es aplastante: “No es posible que el ADN se haya producido de forma espontánea“. También dejó en evidencia, la dificultad y la práctica imposibilidad de que surja una clase superior evolutiva de forma repentina, como sucedió después de cada extinción masiva.

El profesor Fred Hoyle (director de Astronomía Teórica de Cambridge), y el profesor Nalin Chandra (director de Matemáticas Aplicadas de la Universidad de Cardiff), llegaron a la conclusión que, concibiendo o aceptando que el caldo primitivo contuviera 20 aminoácidos esenciales, la probabilidad para producir una sola enzima que funcionara, es de 1:10 elevado a 10N. Antes de que “N”, llegue al número 100, la cantidad de ensayos para producir dicha enzima, habría superado el número de átomos de todas las estrellas del Universo.

Todos estos datos, nos llevan a una reflexión, a una conclusión, que nos dice que la creación de la vida, por muy simple que ésta fuera, es un hecho realmente improbable, demasiado imposible de que surgiera, ni siquiera por azar, en un espacio de tiempo tan pequeño, y en unas circunstancias tan adversas. Entonces, ¿cómo surgió realmente la vida?.

El celebre autor de “Crónicas de la Tierra”, Zecharia Sitchin, depués de más de 30 años de investigación, poseyendo los objetos y los textos más antiguos de los que se puede disponer, llegó a la conclusión que las antiguas civilizaciones (mucho más antiguas y esplendorosas de lo que suele creerse), fueron el producto del conocimiento que trajeron a la Tierra los Anunnaki, es decir, «los que descendieron del Cielo a la Tierra».

Sitchin, es una de las contadas personas en el mundo, capaz de leer los textos sumerios. La Civilización de Sumer, son la primera forma de civilización humana conocida, establecida hace 6.000 años. Esta civilización, dejó plasmado en tablillas de arcilla y sellos cilíndricos, pruebas y evidencias, donde se relata visitas de seres de otros mundos, y datos astronómicos sorprendentes, que una civilización de esa antigüedad era imposible que conociera.

Este sello, expuesto actualmente en un Museo de Berlín, muestra el Sistema Solar, con el sol en el centro. La Teoría Heliocéntrica, no se demostró hasta el año 1.549, cuando Nicolás Copérnico lo pudo demostrar. Antes de eso, se pensaba que todo, estrellas y planetas, giraban alrededor de la Tierra (Teoría Geocéntrica), siendo nuestro planeta el centro del Universo (teoría apoyada y defendida por filósofos como Platón y Aristóteles).

Si nos fijamos en la imagen del Sistema Solar, en la parte superior, entre las cabezas del personaje central y el de la izquierda, se puede ver claramente al Sol, mucho mayor en tamaño que los planetas que lo rodean, y el número de estos planetas es exactamente nueve. El planeta Plutón, no se descubrió hasta el año 1.930. ¿Cómo podían saber hace 6.000 años, que el Sol era el centro del Sistema Solar, y que estaba acompañado por nueve planetas?. La respuesta no deja lugar a ninguna duda, solo podían saberlo por conocimientos transmitidos por seres que no pertenecían a este planeta.

Si nos fijamos nuevamente en esa parte de la escena, podemos ver un décimo planeta, que está fuera del círculo de los nueve planetas. Ese planeta X, es llamado por los sumerios Nibiru, de donde provenían los Anunnaki o “Gigantes Celestiales”. Este planeta, hace una elipse de 3.600 años alrededor del Sol.

Si miramos detalladamente las tres figuras, parecen tener las mismas proporciones, ser de la misma estatura. El personaje que está sentado, representa a un dios. La medida existente entre las rodillas, y la cintura, nos hace ver que, si se levantara de su trono, sería mucho más alto que las otras figuras que permanecen de pie. Esto es un fiel reflejo de las escrituras que dejaron los sumerios en diversas tablas, donde se dice que los Anunnaki, medían 1/3 más que los seres humanos actuales.

Los textos sumerios, nos hablan que los Anunnaki llegaron del espacio, aterrizando en la zona entre el Tigris y el Eúfrates, y empezaron a montar una colonia llamada E.DIN. Según el Génesis, en el Edén (E.DIN), Adán (nombre dado como E.DIN), fue creado a partir del polvo, y Eva a partir de una de sus costillas. Una de las misiones de los Anunnaki, era la recogida de oro, para transportarla a su planeta, ya que era una materia prima y un mineral, con el que conseguían energía. Pero se dieron cuenta que necesitaban abundante mano de obra para acelerar el proceso, así que mezclaron esperma de un Anunnaki, con el óvulo de una especie primitiva, de una raza prehistórica, cuyos restos están apareciendo actualmente en África, como es el caso de la famosa Lucy, descubierta en Etiopía, y que representa el esqueleto bípedo más antiguo encontrado, con una antigüedad de 3,2 millones de años.

En esta escena se puede apreciar, la diferencia de tamaño entre un Anunnaki, y una especie como Lucy, que rondaba el 1’20 metros. Se podría afirmar, que los Anunnaki fueron los creadores de la esclavitud. Esos seres medían entre dos y tres metros, tenían el pelo blanco, piel pálida, casi albina, ojos azul claro y vestían túnicas blancas, y no llevaban calzado. Se comunicaban por el sonido y por telepatía.

La mezcla de los genes Anunnaki y la especie terrestre, produjo un híbrido que se convirtió en lo que denominamos “hombre de Cro-Magnon”, el hombre moderno. En la Bíblia, se dice que cuando los hijos de los dioses vieron a las hijas de los hombres, las desposaron, y de sus úteros nacieron gigantes. El Señor, creó el diluvio para destruir toda la vida de la tierra. El libro apócrifo de Baruc  (el secretario de Jeremías), describe cuántos gigantes (titanes) murieron, un total de 409.000 titanes, pero unos pocos sobrevivieron, aunque su reinado en la tierra se acabó, y los humanos se convirtieron en la especie dominante.

En el libro apócrifo de Enoch (bisabuelo de Noé),  que tiene más de 5.000 años de antigüedad, Enoch narra cómo dos hombres muy altos le llevaron al cielo. Las palabras exactas que Enoch dijo fueron: “Ante mí, aparecieron dos hombres enormes, como no he visto nada igual en la Tierra. Sus rostros brillaban como el sol, sus ojos eran como una luz ardiente. Me alzaron y me llevaron al primer cielo. Y vuelan con sus alas, y van de un planeta a otro. Vi ante mí a los ancianos, los Guardianes del Orden Celestial”.

Las excavaciones y extracciones de oro, se iniciaron en Mesopotamia, y se extendieron por toda la parte oriental de África, gracias a la creación de nueva mano de obra que los Anunnaki desarrollaron. Enki, llamado Nudimmud (el Hacedor, el Creador, el Dador de vida), era el dios de la antigua Mesopotamia. Es el creador de la humanidad, según lo que se cuenta en la leyenda épica acadia de Atrahasis, únicamente con el propósito de liberar de su trabajo a los dioses, fue quien utilizó un homo erectus, para satisfacer las necesidades de los dioses.

El primero que nació de esa unión, fue llamado “Lúlu”, y no tenían la capacidad de procrearse. Se manipularon genéticamente para que sí pudieran reproducirse y dar lugar a una especie mejorada. El Señor de los Anunnaki no aceptó lo que sus hombres habían hecho, y fue quien anunció un diluvio exterminador.

Se ha demostrado científicamente, que todos los seres humanos actuales, el hombre moderno, procede de una misma mujer. Esa mujer es llamada la Eva Mitocondrial, una mujer africana que, en la evolución humana, correspondería al ancestro común más reciente femenino que poseía las mitocondrias. El genoma mitocondrial sólo se puede obtener de la madrey si retrocediéramos en el árbol genealógico de la especie humana, llegaríamos  a la mujer de la cual desciende toda la población humana actual. Las pruebas demuestran que, basándose en la técnica de reloj molecular, se estima que este ancestro vivió hace aproximadamente 200.000 años, en la región del África Oriental.

Así como las mitocondrias se heredan por vía materna, los cromosomas “Y” se heredan por vía paterna. Por lo tanto es válido aplicar los mismos principios con éstos. El ancestro común más cercano por vía paterna ha sido apodado Adán cromosómico. Sin embargo es importante aclarar que, de acuerdo a lo que la ciencia actual es capaz de explicar, éste último no vivió en la misma época que la Eva mitocondrial, sino hace unos 75.000 años, con más de 100.000 años de diferencia. Esta diferencia abismal de años, es otra prueba científica que deja entrever que fueron una especie de otro mundo, quien inseminó a una especie de nuestro planeta, un homínido aún por evolucionar.

En 1.838, en Kimberley (Australia), se descubrieron una serie de pinturas rupestres, donde se encuentran las que representan a los Wondjinas. Los aborígenes afirman que no fueron sus antepasados quienes pintaron estas imágenes, sino que fueron los mismos seres ahí representados, quienes bajaron del cielo y realizaron esas imágenes en las cavernas.

Analizada la antigüedad de estas pinturas, realizadas en base a fósiles de un avispero instalado sobre las pinturas, las investigaciones cifran su antigüedad en más de 17.000 años. Paralelamente, se hallan en otras zonas de Australia restos humanos que datan de hace 200.000 años, cuando se creía que la aparición de la raza humana fue hace 70.000 años en esa zona. Junto a los restos, se encontraron herramientas de grandes dimensiones (algunas de 16 kilos de peso), que es imposible fueran fabricadas por y para  humanos de complexión normal. También se han desenterrado picos de 32x 22 cm y 4’2 kg, hachas de dos filos de 8 kg. Y lo más impactante, en 1.970, se descubrió una huella humana de 59 cm de largo x 18 cm de ancho. Esta prueba, también coincide con relatos y sellos, que nos hablan de seres que medían 2’5 metros, y que hablan que los Anunnaki, eran 1/3 más grandes que el ser humano moderno.

Como se puede observar, su apariencia era de unos humanoides, con ojos grandes, no se observa que tengan boca, y la mayoría de las veces con una especie de aura (posiblemente una escafandra como la que llevan los astronautas). Esto concuerda con textos sumerios que dicen se expresaban telepáticamente o por medio de sonidos. Posiblemente, si tuvieran trajes espaciales, la comunicación entre los seres que iban en su interior, fuera mediante transmisores, o si es una especie muy avanzada, pueda controlar la telepatía o el intercambio de información mentalmente mediante algún otro proceso desconocido para nosotros. El símbolo que siempre acompaña a los Wondjinas, es la serpiente emplumada, como ocurre en otras civilizaciones misteriosas como Quetzalcoatl y Kukulcan. Es muy importante resaltar que, nuestros antepasados, siempre dibujaban aquello que veían. 

Cada vez que aparece un resto arqueológico de un esqueleto o cráneo, que no pertenece a ninguna familia homo que conocemos, los arqueólogos se esfuerzan en expandir el árbol genealógico, tratan de colocar ese nuevo tipo, y cuando no consiguen crear ni explicar una conexión plausible, simplemente, dicen que se debe tratar de una especie aún por reubicar, o se trata de un eslabón perdido. Y hechos como este, son una constante, porque para muchos, es muy difícil aceptar, que existe otra posibilidad, una probabilidad donde existen pruebas, que nos dice que la vida, como la conocemos, posiblemente no se generó en nuestro planeta.

En nuestros días, diferentes países e instituciones, entre ellos la NASA, llevan tiempo investigando e intentado hallar exoplanetas, para poder, en un futuro, albergar vida en ella. Se estudia terraformar un planeta, hacerlo habitable para la raza humana. Los recursos de nuestro planeta no son eternos, y menos lo será según tratamos nuestro hábitat, con el crecimiento masivo de nuestra especie, y con el daño que hacemos cada segundo a nuestro hogar.

Nuestro deber, nuestra obligación como raza superior, como especie inteligente, es intentar conquistar el espacio, intentar buscar nuevas formas de vida, comprender nuestro lugar en el cosmos. No es extraño ni desproporcionado pensar que, seres de otros mundos, mucho más avanzados que nosotros en todos los campos, disciplinas y tecnología, encontraran hace millones de años nuestro planeta, y vieron el potencial para crear aquí vida. ¿No es eso lo que nosotros queremos hacer hoy en día?.

Ahora mismo, hoy, tenemos la capacidad de la clonación, de modificar el ADN, de destruir, de crear, de ir al espacio, de ser los “dioses” de nuestros designios, y de todas las especies vivas de este planeta, animales, plantas, organismos microscópicos. No se tardará mucho en poder alargar los años de vida, poder manipular los telómeros, conseguir que el ser humano viva 150 años. Podemos ser exterminadores y autodestruirnos, o podemos ser la única alternativa a que la vida no desaparezca. Y hay mucha gente, que lucha por avanzar, ética y científicamente, que buscan respuestas. Y estamos en ese camino, en una senda por donde muchos temen caminar, simplemente porque existen otros caminos más concurridos y transitados, pero no por ello se convierten en la mejor opción para llegar al destino correcto.

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