El nacimiento de las religiones (Parte I)

Cuando pienso en la religión, siempre me asalta la misma pregunta. ¿Por qué no es la misma en cada rincón del planeta?. Si realmente existe un dios todopoderoso, creador de todo, y que será quien nos juzgue, ¿por qué existen tantas religiones? Si existieran pruebas empíricas e irrefutables, todo el mundo, sin excepción, creería en un único dios. Pero no es así. ¿Cuántas religiones coexisten en el mundo?.

Existen muchas, yo creo que demasiadas. Solamente para nombrar las más representadas, nos encontramos con el cristianismo, budismo, sintoísmo, islamismo, judaísmo e hinduismo. Estas religiones engloban las creencias y la fe de la mayor parte de los seres humanos. Pero existe, y ha existido a lo largo de la historia, muchas más religiones, ideologías y pensamientos religiosos. Confuccionismo. ortodoxos, mormones, presbiterianos, baptistas, cuáqueros, taoístas, zoroastristas, pentecostales, luteranos, calvinistas, pietistas, brahamanistas, religiones indígenas, jainistas, sijistas, testigos de Jehová, cienciología, gnósticos, etc.

Pero lo más curioso de todo, no es la variedad de religiones que existen, sino la forma en que se crearon y expandieron. Y todas, absolutamente todas, tienen paralelismos realmente increíbles. Estas supuestas coincidencias son, sin ninguna duda, la respuesta a la pregunta del por qué existen, y han existido, tantas religiones. Así que hay que remontarse al comienzo de todo, a los egipcios.

Hace 10.000 años, observar el cielo y las estrellas, permitían a nuestros ancestros anticipar acontecimientos como eclipses o estaciones. La importancia que tenía predecir dichos acontecimientos, conllevó que se fueran catalogando las estrellas en conjuntos,  lo que hoy conocemos como constelaciones. Estos grupos de estrellas los conocemos más comúnmente como “zodíaco“. Este término surge, porque a esas constelaciones se las dibujaba como figuras humanas o de animales, creando mitos más elaborados y comprensibles.

En esa época, el verdadero dios era el Sol. La salida de esta estrella traía calor, luz, y sobre todo, la vida, por lo que se convertía en el salvador de las especies. Las constelaciones fueron identificadas con nombres, representando elementos de la naturaleza. Por ejemplo, Acuario (el aguatero), traía las lluvias en primavera.

Horus era el dios Sol de Egipto, es considerado el iniciador de la civilización egipcia. Horus era nombrado como “el elevado” y “el Señor de los Cielos”. Su vida es una serie de mitos alegóricos relacionados con el movimiento del Sol. Horus tenía un hermano varón llamado Seth, que era la personificación de la oscuridad, y sus luchas y enfrentamientos eran constantes. Seth era el Señor de las Tinieblas, el dios de la sequía, las guerras y la violencia. Así que tenemos a Horus (el sol, la luz, el día), y a su hermano Seth (la oscuridad, la noche). Cada mañana, Horus ganaba la batalla a Seth, mientras que al anochecer, Seth enviaba a su hermano al inframundo (término que los mayas denominaban Xibalbá). Este mural egipcio representa la “duat“, el inframundo egipcio.

Luz vs. Oscuridad, Bien Vs. Mal. Esta es una de las dualidades mitológicas y actuales más extendidas. Fue el germen de la religión tal y como la conocemos actualmente. Entonces, las religiones ¿cuánto están influenciadas por los mitos antiguos?, ¿qué paralelismos encontramos de las religiones actuales con aquellas civilizaciones?. Sólo hay que mirar al cielo para encontrar muchas respuestas.

Horus era hijo de Osiris e Isis. Su padre fue asesinado por su hermano, quien lo descuartizó en catorce pedazos y los esparció por Egipto. Isis encontró trece de los pedazos, excepto el miembro viril que lo devoró el pez oxirrinco (este episodio conllevó que, en la época grecorromana, por deferencia a dios, no se debiera consumir pescado). Osiris fue asesinado antes de que naciera Horus. Entonces, ¿cómo nació Horus?.

Isis, con la ayuda de su hijo adoptivo Anubis (Señor de la Necrópolis, encargado de guiar a los muertos al otro mundo), lo embalsamó y con su poder, consiguió resucitar a Osiris, quedando embarazada nuevamente de él (hay que recordar que no se encontró su miembro viril), y dando a luz a Horus, quien vengó la muerte de su padre desterrando a su hermano Seth. Horus recuperó el trono de su padre y Osiris se convirtió en el Rey de los Muertos en los campos fértiles de Aaru (una zona situada al Este, donde se eleva el sol, llena de campos de juncos, exactamente en la zona de la separación de las aguas).

Así que tenemos a Horus que, nació por mediación divina, de su madre virgen. Horus representaba para su pueblo según las pruebas arqueológicas, al Sol. Era el salvador de la raza, el dador de vida. Si existe una constelación importante para los egipcios (y para todas las civilizaciones antiguas) es la constelación de Orión, (de la cuál hablaré en episodios futuros). En esta constelación se encuentra la estrella más brillante de nuestro cielo, Sirio, y los Tres Reyes (del cinturón de Orión). Cada 25 de diciembre, los Tres Reyes se alinean con Sirio, apuntando al nacimiento del Sol. A partir de ese momento, los días empiezan a ser más largos para el hemisferio norte. Es decir, a partir del 25 de diciembre, la luz gana a la oscuridad, el bien se impone al mal.

Así que, Horus nació el 25 de diciembre, de una madre virgen, por obra divina, y anunciado por tres reyes, que fueron guiados por la estrella más luminosa del cielo. ¿Os recuerda algo esta sucesión de acontecimientos?. Si estas supuestas coincidencias, resultan impactantes, ¿cómo puede ser que existan muchas deidades con paralelismos tan evidentes?.

Atis, era un semidios de la localidad de Frigia, en la península de Anatolia (Turquía). Heródoto describía a Atis como “el dios sol” y como una deidad de vida, muerte y resurrección. La mitología cuenta que la deidad Agdistis poseía atributos masculinos y femeninos. Los dioses del Olimpo, le cortaron su órgano masculino, y lo arrojaron, creciendo en el lugar donde cayó un almendro. Cuando sus frutos maduraron, la diosa Nana, cogió un fruto y lo puso en su regazo. El fruto desapareció y quedó encinta. De ese embarazo nació Atis.

Algunas fuentes datan el nacimiento de Atis a finales de diciembre, y su festividad se celebra en el equinoccio de primavera (25 de marzo), donde se reproducen actos concretos de su vida, como la emasculación (término que engloba la ablación masculina, tanto del pene como de los genitales), su muerte y resurrección. Hoy en día, se denomina “frígido/a” a aquellas personas incapaces de sentir placer o deseo sexual. Esta palabra proviene de Atis de Frigia (frigio – frígido). Atis era el amante de la diosa Cibeles. Pero Cibeles, era la deidad Agdistis transformado. Cuando Atis se enteró, se automutiló, cortándose los genitales y el pene, muriendo después. Agdistis, arrepentido, le resucitó. Así que tenemos otra deidad nacida el 25 de diciembre, de una madre virgen y resucitado tras su muerte.

Mithra de Persia es hijo de la diosa Aditi (diosa primigenia creadora). Mithra era un dios solar nacido en una oscura cueva, y encontrado por unos pastores que le adoraron. Mitra llegó a convertirse en un lazo entre Dios y su pueblo (las personas terrenales). Era un representante de Ahura Mazda (el Creador no Creado, la deidad suprema del zoroastrismo, religión basada en las enseñanzas del profeta Zaratustra) en la tierra. Mitra tenía un hermano gemelo llamado Varuna. En contraposición a Mitra, Varuna era despiadado, y se le asigna la creación de las tormentas, rayos, bajos mundos, profundidades, y es llamado el “dios de los muertos”. La representación de Mitra, es siempre junto a un toro. El “transitus”, era el viaje que Mitra hizo con el toro a cuestas, sobre sus hombros (imagen que recuerda a la Pasión de Cristo). Tras la muerte, Mitra ascendió a los cielos. Esta serie de sucesos mitológicos empieza a resultar familiar.

Existen muchas deidades con paralelismos parecidos. Zoar de los Bonzes, Quetzalcoatl de México, Jao de Nepal, Crite de Caldea, Indra del Tíbet, Mikado de los sintoístas, Deva Tat de Tailandia, Baal de Fenicia, Odín dios nórdico, etc. Si existen decenas de historias y relatos que narran acontecimientos tan parecidos, la pregunta es, ¿por qué nacen de una virgen?, ¿por qué el 25 de diciembre?, ¿por qué su resurrección?.

¿Qué tenían en común estas civilizaciones, separadas por miles de kilómetros, separadas en el tiempo, en épocas diferentes?. ¿Por qué crearon mitos tan parecidos y deidades semejantes?. La respuesta está en el cielo, en las estrellas, en la astronomía, que analizaré en la segunda parte.

 

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Una respuesta a “El nacimiento de las religiones (Parte I)

  1. Un excelente articulo para enriquecer los conocimientos. Dejando de lado los fanatismos se puede ir muy lejos. Desde joven he tenido mis inquietudes sobre las religiones en generales y he dejado de creer en las casualidades y apreciar lo que el firmamento nos dice.

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